EL PROCESO REFORMISTA

 

El Gobierno, el Consejo del Reino, el Consejo Nacional y las Cortes.

Tratare, aunque no sea fácil, de esbozar las grandes líneas de la participación de estas instituciones en el proceso qué ha llevado por la transición al cambio. En este proceso, como ya indicaba al principio, al reformismo franquista corresponde, hasta que sus servicios no resulten imprescindibles, un papel preponderante y una responsabilidad casi exclusiva. Por eso, aunque sea preciso hacer algunas alusiones al antifranquismo militante, concurrente y convergente, la línea de exposición va a seguir el comportamiento de quienes, dentro o fuera de la estructura oficial del 18 de Julio, pero adscritos a ella y con enorme influencia a la misma, han sido coautores del proceso que estudiamos.

El pueblo comenzó a vislumbrar la instalación del reformismo en el poder a raíz del proceso de Burgos, durante el cual se tuvo la impresión de que los juzgadores eran los terroristas y sus amigos, y los reos los miembros del Tribunal y el Estado del 18 de Julio. El indulto, resultado de la presión a todos los niveles, sin excluir el de la Iglesia (recuerdo que el Ministro Alfredo Sánchez-Bella me invitó a almorzar, luego de haberse incautado de la cinta magnetofónica con mi discurso en el Alcázar de Toledo, para exponerme las razones poderosas que aconsejaban indultar), puso de manifiesto la debilidad del Régimen. La manifestación espontánea del 17 de diciembre de 1970, en la Plaza de Oriente de Madrid, al grito de "Franco sí, Gobierno no", aunque emotiva y esperanzadora, demostró su inutilidad, por la sencilla razón de que las manifestaciones se disgregan y los gobiernos continúan.

El 1 de mayo de 1973, el desafío marxista fue claro. Con motivo de la manifestación celebrada al margen de la ley y de los disturbios subsiguientes, un policía fue asesinado en Madrid.

Pocos días después, el 7 de mayo, luego del funeral en San Francisco el Grande, grupos de patriotas formulaban su protesta ante la tolerancia oficial con pancartas en las que podía leerse: "la hez sólo asesina cuando los gobiernos son débiles”. La crisis que se produjo a raíz de la protesta, llevó a Carrero Blanco a la presidencia del Gobierno.

La etapa de rectificaci6n que parecía iniciarse, quedó reducida a la nada, de tal modo que una de las pancartas a que he hecho referencia, llevada por mí y unos amigos de Fuerza Nueva, se hizo presente -a pesar de las prohibiciones oficiales- ante el féretro del Almirante asesinado, en la mañana de su entierro, ante el Palacio de la Presidencia, de Castellana, 3.

"Celebraré que usted dentro de cinco años y en limpia competencia electoral pueda ser Primer Ministro."

Manuel Fraga a Felipe González en 1976, siendo aquél ministro de la Gobernación.

Ya en 1964, siendo Manuel Fraga Ministro de Información y Turismo, los veinticinco años de la Victoria se conmemoraron como los veinticinco años de la paz; pero de una paz aséptica, conseguida sin esfuerzo, sacrificio ni sangre, llovida del cielo, sin artífices que la forjaran. En Valencia y en Valladolid y en actos inolvidables, hizo ver las consecuencias que para España tendría el olvido de la Victoria para el mantenimiento de la paz.

Luego, el combate se fue haciendo cada día más difícil. A las Cortes llegaban el proyecto de ley sobre la objeción de conciencia al Servicio 

Militar, que, al fin, fue retirado por el Gobierno; el de la libertad religiosa; el del ingreso de España en el Mercado Común el de la entrega de Ifni, primero, el de la autonomía y después de la independencia de Guinea (por cierto, que el señor Fraga fue el que arrió la bandera española en Santa Isabel, hoy Malabo, en la isla de Fernando Poo); el de la ayuda económica al régimen socialista de Salvador Allende; el de las relaciones con los países comunistas, cuyos consulados disfrutarían, a raíz de la aprobación de la ley, de "status” y valija diplomáticos.

Es necesario hacer hincapié en la política exterior de la época en que los reformistas detentaban los puestos claves del franquismo. La escala técnica en Moscú, del ministro de relaciones exteriores, López Bravo, la ruptura de relaciones diplomáticas con Formosa y el reconocimiento incondicionado de la China comunista (que motivó un artículo mío al que se contestó por el Gobierno con una querella que me condujo a la Sala Tercera del Tribunal Supremo); el prólogo del mismo López Bravo al libro de la Editorial Dossat sobre las relaciones con el Este, constituían un atropello al esquema doctrinal del Estado del 18 de Julio. Carrero Blanco, uno de sus expositores, desde la autoridad de su jerarquía, había escrito en "Las modernas torres de Babel": "¿Se ha pensado en las posibilidades que tiene la URSS, con sus representaciones diplomáticas, para sembrar el caos y la confusión en las naciones occidentales?" "El coexistencialismo entraña una indignidad para el mundo libre, la indignidad de aceptar el "statu quo" de la esclavitud en que cayeron los pueblos de la Europa oriental". Si "los pactos con el diablo, decía Carrero, no pueden conducir a nada bueno" (9 de mayo de 1946), no se comprende cómo un gobierno como el de Carrero Blanco pactó con el diablo. Ello significaba decir que si los comunistas eran gente con la que podía, pactarse desde el gobierno en el exterior, no había argumento lícito que prohibiera entenderse con ellos y a escalas oficiales en el interior. El día en que un militar, procesado y condenado por el llamado golpe del 23 de febrero, a la sazón muy en el entresijo de las peripecias del 20 de diciembre de 1973, se decida a contamos toda la verdad, confirmaremos muchas cosas, que hoy tan sólo presumimos, de los contactos entre el gobierno y la oposición, la de dentro y la de fuera, con motivo del asesinato del Almirante.

Pero el reformismo franquista no actuaba sólo en política exterior. Esta, en suma, no era más que un reflejo del cambio de talante que el Régimen iba experimentando por dentro, en función de la hábil maniobra en curso.

 

Un plan conjunto

En este orden de cosas, la actuación Simultánea, en la que algunos participaron con ingenuidad, tuvo dos centros de irradiación: uno, dirigido desde el gobierno en el poder, y otro, por los hombres que, habiendo sido ministros no, tenían amplia capacidad de maniobra, por razón de sus cargos oficiales.

"El pasaporte concedido por Fraga a Carrillo en febrero de 1976, la autorización por el propio Fraga, violando la legalidad vigente, del Congreso de UGT, aún clandestina ... la amnistía para los asesinos ... no era suficiente."

El plan conjunto y consensuado del reformismo venía rodeado de una aureola en la que las palabras liberalizarse, homologarse, europeizarse, eran intercambiables y fungibles, y ello podía hacerse, como dijo Carlos Arias el 26 de febrero de 1975, limitándose a "extraer de la legalidad vigente todo su contenido". La primera vez que con todo descaro, y con el Ministro de Hacienda presente, Mariano Navarro Rubio, oí hablar de este modo fue al embajador de España en los Estados Unidos, señor Areilza, durante un almuerzo en Nueva York. Más tarde, otro embajador en Norteamérica, avanzado el proceso, el señor Garrigues, después Ministro de la 

Monarquía -y me remonto a 1964-, pedía a los exiliados, a los que invitó a un banquete en la propia embajada, su colaboración decidida para un futuro próximo.

Invocando el lema de liberalización, :homologación y europeísmo, el primer gobierno Arias, viviendo Franco, legalizó las asociaciones políticas -partidos, como los definiera el mismo Arias en Helsinki- con un solo voto en contra en el Consejo Nacional: el mío. Esa legalización, que disolvía "de facto" el Movimiento Nacional, dejándolo reducido, a lo sumo, a una Junta coordinadora de las asociaciones legalizadas, no era incompatible, por lo visto, con su afirmación tajante del 2 de diciembre de 1974: "no considero necesaria, ni conveniente, ni oportuna la reforma constitucional.  Pero esa vía legalizadora le obligó, una vez desaparecido Franco, el 28 de enero de 1976, a decir todo lo contrario: "Creemos en..la virtualidad y conveniencia de la reforma, entendemos que existen motivos suficientes para abordarla y deseamos realizarla en el más breve plazo".

Al amparo de la ley de asociaciones -a la que nosotros, para no aumentar la confusión, no quisimos someternos -nacieron, entre otras, la "Unión del Pueblo Español", auspiciada por Solís y presidida por Adolfo Suárez, primero, y Cruz Martínez Esteruelas, después; la "ANEPA"; la "Unión Nacional Española"; "Reforma Social Española"; "Frente Nacional Español", etc.

Lo curioso es que, sustituido Carlos Arias por Adolfo Suárez, a propuesta del Consejo del Reino, la reforma, más próxima al antifranquismo militante, se iba a acelerar, para conseguirla, como dijera Fraga, en dos semanas, dos meses y dos años.

El pasaporte concedido por Fraga a Carrillo en febrero de 1976, la autorización por el propio Fraga, violando la legalidad vigente, del Congreso de la UGT, aún clandestina, y del acto en la Universidad de Madrid en el que, con la participación de católicos y marxistas, se pidió paso libre al aborto, la amnistía para los asesinos y la disolución de las fuerzas del orden, no era suficiente.

Tampoco era suficiente lo acordado en las conversaciones de Londres, entre el embajador señor Fraga y el señor Tierno Galván, luego ratificado y perfeccionado, siendo ya Fraga ministro, en el Horno de Santa Teresa. en Madrid.

 

"Fraga, genio y figura "

Poco antes de las elecciones de 1982, la Editorial "El Burgo", con. el título "Fraga, genio y figura", publicaba una biografía del hoy presidente de Alianza Popular. El biógrafo narra, en las páginas 66 y siguientes, la "primera entrevista Manuel Fraga-Felipe González", y de ella entresacamos lo siguiente:

"Medio a hurtadillas del presidente del Gobierno, don Carlos Arias Navarro, había que tender “puentes” para una segunda restauración canovista (sin Cánovas, por supuesto), que condujese la bipolarización política de España a una eventual alternativa de opciones. Fraga, que no ocultaba su afán emulador, podría resultar Antonio Cánovas si Felipe, lidiador de las corrientes rupturistas, asumía el papel de Práxedes Sagasta".

"Los contactos, Fraga-PSOE los venían manteniendo Carlos Argos, director del Gabinete Técnico del Ministro, y Enrique Múgica".

“Se previó inicialmente la reunión para el sábado, 24 de abril de 1976, en el estudio-biblioteca que Fraga tiene en un piso de la calle Joaquín María López, en Argüelles, a las cinco de la tarde, pero, por diversas circunstancias, misma no tuvo lugar hasta el viernes, 30 de abril. Habría cena, siendo el anfitrión Miguel Boyer, miembro de la ejecutiva del PSOE y que conocía a Fraga de cuando aquél era jefe del Gabinete de Estudios del Instituto Nacional de Industria. Los comensales serían el PSOE: Felipe González, Miguel Boyer y un tercero designado por Ejecutiva del Partido y que resultó ser Luis Gómez Llorente (quedó fuera Múgica), y por el Ministerio de Gobernación; Fraga, Otero Novas y Argos. El escenario era un lujoso chalet propiedad de Boyer situado en la calle Matías Montero, 18, próxima a la Colonia de El Viso, y la hora de cita las nueve y media de la noche. Se sirvieron unas copas, singularmente whisky con hielo. El menú consistió en cóctel de mariscos, cinta de carne con salsa y guarnición, tarta de fresa y vino tinto. En el salón, de seguido, café y copa".

“En el transcurso de la cena, Fraga le dijo a Felipe que hacía todo lo posible para que el socialismo se integrase en el sistema político. Y añadió:

- Celebraré que usted dentro de cinco años y en limpia competencia electoral pueda ser Primer Ministro".

“En la cena se abordaron temas como los de la Ley de Reforma Política y referéndum para su aprobación; conveniencia de unificación de grupos y partidos socialistas y legalización del Partido Comunista dos años después”.

"Por conducto de Tamames, se le pidió una entrevista con Marcelino Camacho para el día de su santo, l de enero de 1976, en la biblioteca-estudió, y después de esperar varias horas, el líder de Comisiones Obreras no compareció”.

"Quizá el asunto más delicado de la conversación con Felipe se planteó al tratarse de la Ley de Reforma Política".

"Felipe preguntó si su partido podría comparecer en público con nombres, insignias y símbolos, Fraga contestó que por supuesto y explicó que en los planes del Gobierno figuraba el proyecto de Ley de Asociaciones en el que Asociación y Partido era lo mismo, pese a su diferencia semántica”.

Sin embargo, el plan de la reforma, expuesto por Fraga en los artículos publicados en "ABC" y en los proyectos de la asociación no legalizada que presidía, "Reforma Democrática", y que envió al Consejo Nacional y a las Cortes no pudo rematarlo el propio Fraga. Adolfo Suárez, que pasó de la Secretaria General del Movimiento a la presidencia del nuevo ejecutivo, le arrebató la famosa bandera del Centro, levantada en manifiesta oposición a quienes permanecíamos leales a Franco, en los discursos que pronunció en Barcelona, uno en el "Club Mundo", vinculado a la extraña personalidad de Sebastián Auger, y otro, siendo embajador, al entregar los premios periodísticos que llevaban su nombre.

Una vez que Adolfo Suárez tomase las riendas del poder, la reforma iba a tener lugar, como dijera Fraga, en dos semanas, dos meses, dos años ... a pesar del pasado político del hombre de Cebreros.
Suárez inauguró su tarea reformista conjugando dos verbos: desdramatizar, frivolizando, claro es, la dramática situación española y legalizar todo cuanto estaba en la calle, desde el partido comunista al aborto. El proyecto de ley de reforma -una reforma que podía traducirse como ruptura desde la legalidad,- pero una legalidad manipulada y contorsionada, de acuerdo con la fórmula antifranquista de la Junta y de la Plataforma democráticas- fue llevada al Consejo Nacional y aprobada, con abstenciones tan significativas como las de Jesús Fueyo y Pilar Primo de Rivera. Hasta 14 exministros -González de la Mora, entre otros- la aprobaron. Sólo un grupo reducido de once consejeros 

-grupo al que me honro en pertenecer- continuó fiel a la misión que Franco le encomendara de velar por los principios que habían dado vida al Estado nacional y a sus logros excepcionales.

Procedimiento de "urgencia"

Fernández-Miranda entre Franco y el que después sería Rey: otro aporte más a la Reforma...

Entre la reunión del pleno del Consejo Nacional que aprobó la reforma y el de las Cortes, se produjo un hecho en parte inesperado. Varias de las asociaciones legalmente constituidas durante el gobierno de Carlos Arias, y entre ellas la "Unión del Pueblo Español", se integraban con la asociación ilegal "Reforma Democrática", de Manuel Fraga, 

para constituir lo que se llamó y sigue llamándose Alianza Popular. De los siete magníficos, como se bautizó irónicamente a sus fundadores, seis habían sido ministros de Franco: Fraga lribarne, Silva Muñoz, Fernández de la Mora, Martínez Esteruelas, López Rodó y Licinio de la Fuente.  

El procedimiento de urgencia arbitrado por el presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, Torcuato Fernández Miranda -el que había vehiculizado el acceso de Suárez a la presidencia del Gobierno- me permitió por vez primera subir a la tribuna de oradores de la Cámara y exponer una enmienda a la totalidad del proyecto de ley para la reforma política, en franca oposición a los portavoces que la defendían en nombre del ejecutivo: López Bravo, Fernando Suárez y Miguel Primo de Rivera.


"Los aplausos que acogieron mi intervención sirvieron de poco a la hora de votar (la Reforma política): 425 votos a favor de la reforma, y sólo 59 en contra."


Los aplausos que acogieron mi intervención sirvieron de poco a la hora de votar: 425 votos a favor de la reforma, y sólo 59 en contra. Cruz Martínez Esteruelas, que asumió la dirección de los grupos integrados en Alianza Popular, consensuó en los pasillos y la reforma, que destruía el franquismo, triunfaba con la aprobación de su clase dirigente.  

El "referéndum", necesario para legalizar la operación reformista, contó con el incidente, superado con facilidad, de la abstención solicitada por el antifranquismo. El apoyo a una reforma hecha desde el Régimen que se quería deshacer, podía levantar la sospecha, en los partidarios de la ruptura, de un acuerdo subterráneo; pero la abstención, unida a quienes nos oponíamos a la reforma, era un peligro serio que había que sortear. Y se sorteó, de una parte consiguiendo que la Iglesia diera una nota oficial considerando honesta la postura abstencionista, y por otra invitando a votar que “sí”, aunque, cara a exterior y para salvar las formas, se pidiera el "no”.

Y era lógica la postura, porque confirmada la reforma por el sufragio popular el 15 de diciembre de 1976 -sólo hubo 450.000 votos negativos-, los planteamientos serían diferentes. Con abstención o sin ella en el referéndum llamado fascista, la nueva legalidad era el campo de juego, y en ese campo, sin tapujos ni habilidades, las mejores bazas las tenía el antifranquismo hostil y declarado.

Cruz Martínez Esteruelas se quejaba, del desplazamiento de la inteligencia reformista del binomio Suárez-AP, conseguido en el pleno de las Cortes, al binomio Suárez-PSOE, iniciado a partir del pleno, y en una conferencia en Santa Cruz de Tenerife, según la reseña de "El Alcázar" de 8 de enero de 1976, decía: "puede resultar en extremo peligroso polarizar la situación política en un pacto entre el gobierno y aquellas fuerzas políticas cuyas posiciones dialécticas son la ruptura con el pasado, la demagogia y el internacionalismo, mientras se busca desplazar a las fuerzas políticas nacionales, coautoras de la reforma y del resultado positivo del referéndum".

 

"¿Serán leales al Rey...?"

Había llegado la hora de las lamentaciones, como la inexplicable de López Rodó, votante de la Reforma, que se pregunta: ."¿Serán leales al Rey los que no han sido leales a Franco?", o la de Carlos Arias -que, por oponerme a ella, me llevó también ante la de lo penal del Tribunal Supremo, por el artículo "Señor Presidente"-, que en su trabajo "Por amor a España servicio al Rey", al analizar las consecuencias lamentables del proceso, en el que participó de forma tan decisiva, dice: "¿estarán tranquilos los que ayer mismo juraban lealtad a unos Principios que han olvidado tan fácilmente?.”

Al amparo de la reforma aprobada, toda ley anterior que se opusiera a su espíritu podía considerarse sin vigor.  Por ello, el atentado del 18 de julio1976 contra el monumento al Ángel la Victoria, levantado sobre un cabezo de las inmediaciones de Valdepeñas, carecía de importancia; y el Partido Socialista, aún no legalizado, celebró su Congreso en Madrid, y en Madrid tuvo lugar la cumbre eurocomunista, sin que el Ministro de la Gobernación, Martín Villa, tuviera nada que objetar.

Constituida la Cámara, fruto de las elecciones de 1977, que polarizaron el voto en UCD y en el PSOE, reduciendo a muy poco las aspiraciones de Fraga, y marginando a las Fuerzas nacionales, se iniciaba el capítulo constituyente, capítulo en el que el forcejeo por capitalizar el papel de interlocutor de cara al socialismo, dio origen a enfrentamientos, no ideológicos, sino tácticos, entre AP y UCD, y a entendimientos entre los reformistas del franquismo, de una y otra confesión, y socialistas y comunistas. Quienes se habían concertado para, con una fórmula gramatical u otra, acabar con el Estado del 18 de Julio, tenían que arrimar el hombro para consumar la obra y edificar el Estado de las autonomías, Los pactos de la Moncloa, la amnistía, el consenso, la Constitución, en suma, laica, antinacional, divorcista y negadora del derecho a la vida -aun cuando su letra diga lo contrario- fue aprobada y aprobada en 1978.

El slogan publicitario de Alianza Popular: "conservar lo valioso y reformar lo necesario”, fue una estratagema política para desplazar a las buenas gentes de España de un Sistema en que lo valioso era lo necesario, a otro radicalmente distinto en el que al pueblo español le están quitando aceleradamente lo necesario y lo valioso, porque lo que en el fondo se quería, como aseguró Fraga, era "una Reforma constitucional.", y lo constitucional es lo constitutivo, y lo constitutivo es lo valioso y necesario que el señor Fraga ha contribuido y contribuye a deshacer. Como prueba de ello, el diario de Palma de Mallorca Ultima Hora, del 19 de noviembre de 1976, publicaba: "En el día de hoy, caduco y desarbolado el Estado totalitario, han conquistado las fuerzas democráticas sus primeros objetivos nacionales. El franquismo ha terminado. Cortes españolas. Madrid, 18 de noviembre de 1976". He aquí la obra, que tuvo luz verde con el voto de 425 procuradores franquistas.

Me interesa subrayar, para que las cosas queden en su puesto, que "Fuerza Nueva", antes y después de su investidura como partido político, luchó con 

"La Reforma -decía Fraga el 18 de mayo de 1977- la hemos hecho los Franquistas..."
todas su fuerzas y con procedimientos moralmente lícitos contra el proceso que destruye a España como nación. Por eso, nuestra conciencia está sumamente tranquila. Cuando Fraga, siendo ministro del interior, dijo, a raíz, de los sucesos de Vitoria, que todos éramos responsables, yo le repliqué, en el transcurso de uno de nuestros actos, en Tale- do, que "Fuerza Nueva", y yo personalmente, rechazábamos esa alegre imputación generalizada de responsabilidad.

Porque es necesario decir que Fraga (que en "Godsa" pedía la entrega a Marruecos de Ceuta y Melilla y el divorcio vincular, y en "Reforma Democrática", el divorcio moderado, y en Alianza Popular el divorcio para el matrimonio civil, olvidando que el matrimonio es indisoluble no porque sea canónico, sino porque es matrimonio), como abanderado del reformismo, afirma, desde su postura de Centro y desde la fundación de su partido, que su propósito era marginar y aislar a la extrema derecha (declaraciones a La Gaceta del Norte y al Noticiera Universal), términos con los que, para desacreditamos ante la opinión, se calificaba a quienes, como los hombres y mujeres de "Fuerza Nueva", habíamos salido a la política para defender un Estado, del que él y los suyos, y no precisamente nosotros, habían sido embajadores y ministros.  

Por eso, nada puede extrañarnos el No rotundo de Fraga a un entendimiento con "Fuerza Nueva", en las elecciones de 1977, o en las de 1979 (véase su artículo "La Derecha posible", publicado en ABC, en el que considera como tal -desdeñándonos- a "una fuerza claramente democrática, progresista, constitucional, capaz de dialogar con las demás fuerzas política.,... (que llegue) a un pacto de Gobierno... con fuerzas auténticamente socialdemócratas";, y menos aún en las de 1982, durante cuya campaña -a la que acudimos sin más esperanza que la teologal- se utilizaron contra nosotros, desde la insidia de un pacto clandestino, al anuncio de una retirada inminente de "Fuerza Nueva", sin excluir, claro es, mi enfermedad gravísima y la afirmación solemne de que votarnos era perder el voto, porque seguro, seguro don Blas -como gritaba un panfleto repartido en el acto de la Plaza Mayor, dos días antes de las elecciones- no saldrá diputado.


"La  reforma la hemos hecho los franquistas "  

La obra de liquidación del Estado del 18 de julio -tal y como la entrevió Carrero Blanco en su sueño cargado de profecías- se está consumando. Para llevarla a término ha sido necesaria mucha habilidad por parte de los coautores y mucha necedad e ingenuidad por parte de los que ahora se lamentan. A la cita demoledora acudieron fuerzas políticas, sectores católicos, grupos universitarios, instituciones económicas, en franca colaboración con quienes, por principio y consecuencia, tenían, una vez alcanzado el poder, que combatirlos sin piedad. Ellos lo han querido; nosotros no.  

Suárez, en el colmo de la desvergüenza política, antes del referéndum de 15 de diciembre de 1976, para arrancar el sí del franquismo sociológico, dijo en la televisión: "no ignoramos nuestro inmediato pasado, el construido por la excepcional figura de Franco". Mediante la Reforma "la asumimos con responsabilidad y recogemos su herencia para perfeccionarla".  

Pero Fraga, en términos análogos, decía con idéntico fin, en Santander: "El 18 de Julio es una gran fecha histórica y nadie puede dudar de nuestra lealtad a esa fecha. Pero el 18 de Julio, como el 2 de mayo, no es el fin de la Historia... Yo he sido reformista en los años 60 y lo sigo siendo en AP. El reformismo es asumir lo pasado y superarlo" (Ya,2l de mayo de 1977).  

En términos análogos, desde la Secretaría General del Movimiento, se expresaba quien después sería subsecretario del Interior, Eduardo Navarro Álvarez: "Me gustaría formar parte de la conjura de los moderados, porque los moderados han sido los únicos que han hecho progresar al país, desde el siglo XIX. Los exaltados y los reaccionarios sólo han provocado males cuyo efecto ha durado hasta la vuelta de los moderados o hasta que ha llegado alguien capaz de moderar a todos".  

Sin embargo, unos y otros hicieron esta Reforma. "La reforma, decía Fraga el18 de mayo de 1977, la hemos hecho los franquistas", es decir, Arias, Fraga, los dos Suárez, Martínez Esteruelas, López Bravo, López Rodó, Solís, Pío Cabanillas, Osario, Landelino..."  

Por eso, Jorge Trías, que estaba al tanto de todo, escribía en el Diario" Barcelona de 6 de noviembre de 1974: "Son moderados, entre otros, la derecha nacional, cuya figura más visible sería López Rodó (por supuesto, si acepta el juego democrático). Son moderados los grupos democristianos o demócratas de derechas que operan en el país, tolerados o en las tinieblas. Es moderada la democracia social, los grupos llamados "centristas" y el Partido Socialista Obrero Español (así, con mayúsculas y todo, para destacarlo), que desde hace poco está abierto a cualquier tipo de pactos. Son moderados. -¿por qué no?- los comunistas, que recientemente se han reconciliado con Moscú... En cambio, no son moderados aquellos que se autoexcluyen, como los seguidores de Fuerza Nueva”.

® Fuerza Nueva. 4 de Octubre de 1.983.-

 


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