PREGUNTA.- Argala era la
única persona que conocía al hombre de la gabardina, único testigo
sobre su identidad. ¿Por qué atentaron contra él?
RESPUESTA.- Cuando actuamos contra Argala
no teníamos la información que usted
me apunta en estos momentos. Eso lo sabría muy poca gente. Fuimos
contra él porque, primero, teníamos que vengarnos. Después, porque
mandaba el comando de ETA y, además, conectó los cables del
dispositivo que asesinó a don Luis Carrero Blanco.
P.- ¿Por qué esperaron a 1978, cinco años después, para
llevar a cabo el «diente por diente?
R.- Decidimos actuar después de que el
Gobierno concediera una amnistía en 1977. No entendíamos cómo se podía
amnistiar y perdonar a la gente que había asesinado al presidente del
Gobierno.
P.- Pero, ¿quién es el que realmente se plantea atentar contra
Argala de la misma forma en que mataron a Carrero Blanco?
R.- Esa idea parte directamente de los
marinos. Ellos son muy técnicos, muy profesionales y nunca se han
metido en política, ni en algaradas, ni en asonadas. Lo de Camilo Menéndez
en el 23-F fue una anécdota.
P.- Es decir, que alguien dentro de la Marina piensa y organiza
el grupo.
R.- Afirmativo.
P.- Sin embargo, en ese grupo también estaban Jean Pierre Cherid
(ex miembro de la OAS), José María Bocccardo (argentino y ex miembro
de la triple A) y Mario Ricci (italiano neofascista).¿Qué tenía que
ver esa gente con la Marina?
R.- Todo tiene una explicación. Ellos eran
los braseros, los que formaban el segundo escalón del grupo. Estaban
bregados en mil batallas y se encargaron del trabajo de campo:
localizar, controlar y vigilar a Argala. También buscaron varias casas
en la zona de Anglet que nos sirvieran de cobertura y refugio.
P.- Entonces, ¿quién formaba parte del primer escalón del
grupo ejecutor?
R.- En total éramos ocho. Tres marinos, un
militar del Ejército del Aire, un paisano, un oficial de la Guardia
Civil y dos caquis (del Ejército de Tierra). Esa era la estructura
fundamental del grupo. Recuerdo que de los tres marinos uno era del
SECED (servicio de información de Presidencia, que después se
transformó en el CESID y más tarde en el CNI), otro en el Servicio de
Inteligencia Naval y el último en el Alto Estado Mayor.
P.- ¿Cuándo localizan a Argala?
R.- Recuerdo que fue en mayo o junio de
1978. Desde esa fecha, hasta que el etarra voló por los aires, lo
estuvimos vigilando con nuestros propios medios. Podíamos haberlo
eliminado antes, pero queríamos que fuera el 20 de diciembre, en el
aniversario de la muerte de don Luis.
P.- Sin embargo, el 20 de diciembre de 1978 José Miguel Beñaran,
Argala, no salió en todo el día de su casa. El dirigente etarra estaba
enfermo, en cama y con fiebre. ¿Qué pensaron cuando iban pasando las
horas y Argala no salía de su casa?
R.- Pensamos lo peor. Que nos habían
detectado, que alguien se había ido de la lengua. En aquella época no
había ningún tipo de colaboración entre los gobiernos de España y
Francia y nuestro grupo era totalmente clandestino. Es decir, que no nos
apoyaba nadie. Ni Gobierno, ni ministros, ni nadie.
P.- ¿Cómo prepararon el golpe contra Argala?
R.- Nos fuimos desplazando conforme lo
requerían las necesidades de la operación. Fundamentalmente por
subgrupos. Pero el día de la acción estábamos presente todo el grupo.
Todos queríamos disfrutar con el espectáculo y ver cómo volaba por
los aires el hombre que asesinó a don Luis Carrero Blanco.
P.- Cuando, finalmente, el día 21 de diciembre observaron cómo
Argala bajaba de su casa, se introducía en su vehículo y el Renault-5
se elevaba por los aires, ¿qué pensaron o sintieron?
R.- Una gran satisfacción. Todos
consideramos que habíamos hecho un servicio a la Patria. Teníamos
claro que nadie se iba a ir de rositas después de asesinar al
presidente del Gobierno.
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| EL
RENAULT VOLÓ POR LOS AIRES. El 21 de diciembre de 1978, el
Renault-5 de color naranja que utilizaba Argala para moverse por
el sur de Francia voló por los aires. El etarra murió en el
acto tras hacer explosión la carga de dinamita que había
colocado junto al vehículo un capitán de la Guardia Civil. |
P.- ¿Quién colocó los explosivos debajo del vehículo
de Argala?
R.- Un capitán de la Guardia Civil.
P.- Pero siempre se había dicho que fue Jean Pierre Cherid.
R.- Negativo, totalmente negativo. Hubo hasta
una especie de pelea dentro del grupo porque todo el mundo quería tener
el honor de ser el protagonista de la venganza. Finalmente nos calmamos y
el artefacto lo colocó el experto. El capitán de la Guardia Civil, que
había hecho un curso de explosivos.
P.- ¿Cómo, dónde y quién consiguió los explosivos?
R.- Pedro el Marino. Los explosivos salieron
de una base norteamericana. No recuerdo con exactitud si fue de Torrejón
o de Rota, pero sí sé que los americanos no sabían para qué se iba a
utilizar. Fue un favor personal que le hicieron a Pedro el Marino.
P.- Tras la explosión y muerte de Argala, ¿cómo se produce la
retirada y vuelta a España?
R.- Cada miembro del grupo se retiró del
escenario y regresó a España de forma diferente. De esta forma pretendíamos
que si alguien nos seguía le costara mucho más llegar hasta nuestra
base. La mayoría emprendió viaje hacia París, otros optaron por Nantes
y Burdeos y algunos se quedaron en Francia esperando que todo se
tranquilizara para volver a España.
P.- ¿Quién financió toda la operación?
R.- Todos nos rascamos el bolsillo, pero la
parte más importante salió de un crédito personal que se solicitó al
Banco Central. Hay que aclarar que los del banco no tenían ni idea para
qué iba a ser destinado el dinero, se pidió a nivel personal.
P.- ¿Con ese dinero también compraron las armas que llevaban
durante el tiempo que estuvieron en Francia?
R.- No, ésas, que las compramos en Bélgica,
salieron de nuestro bolsillo.
P.- ¿Qué tipo de armas utilizaron?
R.- Eran unas Browning, de lo mejorcito que
había en el mercado en aquella época. Cada una de ella nos costó unas
30.000 pesetas y la compramos en el mismo sitio donde adquirían su
material los etarras.
P.- Una vez que regresan a España y que están todos juntos, ¿qué
hacen?
R.- Nos reunimos en un restaurante de Madrid para
celebrar que todo había salido bien y que don Luis ya estaba vengando.
Recuerdo que comimos cordero y que después terminamos la fiesta jugando
una partida de mus.
P.- El atentado contra Argala fue reivindicado por el Batallón Vasco Español
(BVE). ¿Ustedes formaban parte del BVE?
R.- BVE, ATE, Triple A. Eso sólo son siglas,
nombres que van saliendo y que se van utilizando conforme se necesita. La
realidad es que nos encontrábamos en medio de una guerra, una guerra
sucia, una guerra terrorista y que él, Argala, era nuestro enemigo. Además,
había asesinado a nuestro Presidente y nosotros teníamos la obligación
legal, moral y natural de pagarle con la misma moneda.
P.- Dígame la verdad, detrás de ustedes tenía que haber algún
estamento, algún ministerio, alguien.
R.- No, no había nadie. Yo no tengo
conciencia de que hubiera alguna organización gubernativa que moviera los
hilos para que nos cargáramos a Argala. Es más, tampoco tengo conciencia
de que hubiera un mirar hacia otro lado para facilitar la acción.
P.- Cuando ustedes comienzan a preparar el atentado, en mayo de
1977, el jefe de operaciones especiales del SECED era el comandante Andrés
Casinello. ¿Tampoco él sabía nada de sus intenciones?
R.- El gran rubio, como conocíamos todos a
Andrés Casinello, ya se había convertido en un hombre de Estado y nos
decía que no quería que ninguno de sus hombres, de manera oficial,
participara en ninguna acción. Tras el atentado tuvo una fuerte
enganchada con uno de los que estaban conmigo en el grupo y le dijo que se
había cerrado una etapa y que había que olvidar todo.
P.- Hoy, en diciembre de 2003, veinticinco años después del
asesinato de José Miguel Beñaran, Argala, ¿volvería a actuar de la
misma forma?
R.- En aquella época, en 1978, aún no habíamos
cumplido los treinta años y no entendíamos que para cambiar un país se
tuviera que asesinar a un presidente del Gobierno y que después no se
hiciera nada contra los asesinos. Tampoco entendíamos la amnistía que se
dio en 1977. Ese hecho sentó muy mal en la milicia. Pero, hoy, sí puedo
decir que es posible que con cuarenta años no lo hubiéramos hecho o nos
lo hubiéramos planteado de otra forma. También quiero decir que no me
arrepiento de lo que hice.
Leonidas, que hace tiempo dejó la milicia, sigue en
contacto con la realidad de España y se muestra muy preocupado por los últimos
acontecimientos políticos: el plan Ibarretxe y las reivindicaciones
catalanas. También considera y aclara que el BVE y los GAL fueron dos
cosas totalmente distintas: «A nosotros no
nos apoyaba nadie y actuamos por patriotismo. En los GAL el Gobierno
estaba detrás de las acciones y, además, todos se movían por dinero».
El Mundo. 21 diciembre de 2.003 |