
La Tragedia.
Jorge García. 11/03/2006.
Madrid,
11 de marzo de 2004, 7.37 horas. Cerca de la estación de Atocha explota una
bomba. Apenas un minuto después se producen otras dos explosiones en el mismo
tren. Gritos y caos invaden los andenes y escaleras mecánicas de la Terminal.
Son las 7.38 cuando otras dos bombas explotan en un convoy en la estación de El
Pozo y otra en Santa Eugenia. A las 7.39, cuatro explosiones más revientan otro
tren a 500 metros de Atocha. En apenas tres minutos, 10 bombas estallan: Madrid
acaba de sufrir el mayor atentado terrorista perpetrado jamás en España. 191
muertos y más de 1.500 heridos.
Esa
mañana todos nos sentíamos conmocionados, guardando silencio. Tan sólo se
rompía por las conversaciones sobre el atentado. No buscábamos incógnitas,
estábamos demasiado conmocionados por los hechos, incapaces de hacernos
preguntas del tipo ¿Quiénes han sido? o ¿Por qué?.
Creo
que en ese momento todos los españoles llevábamos dentro el dolor de las
madres que perdieron a sus hijos, o los hermanos perdidos u hospitalizados.
Y de
ese dolor salió el espíritu de humanidad, eso que nos diferencia del resto de
los seres vivos, y muchos salieron a ayudar, poniendo en peligro sus vidas,
muchos salieron a compartir y donar su sangre, porque se había derramado la
sangre de sus hermanos y hermanas, y muchos pusieron a disposición de los
heridos y sus familias sus recursos.
Estos
son ejemplos de ciudadanos, de personas. Héroes anónimos, a veces olvidados.
Desde
estos párrafos, un agradecimiento a todos los profesionales, facultativos y
españoles anónimos que pusieron su granito de arena para paliar los daños físicos
y morales por el atentado del 11 de marzo de 2004.
Artículo extraído de: www.generalisimofranco.com