Las Víctimas de la democracia.

Jaime López-Dóriga. 11/03/2006.

Aquella fatídica mañana del Once de Marzo de hace ya dos años yo estaba en el autobús, camino del colegio, cuando subió un amigo mío contando «la que había armado la ETA». Todo el día oyendo sirenas por la ventana, de Misa en rezo pidiendo por las víctimas, todavía innumerables, sin plena consciencia de lo que había ocurrido…

Ciento noventa y dos muertos, conocimos días después, y tantos otros damnificados. Casi dos centenas más de muertos que añadir a la sangrienta lista del separatismo marxista de la E.T.A. Finalmente la versión oficial fue que en lugar de dichos elementos, que no merecen ser Españoles, los culpables fueron una panda de neocruzados musulmanes. No se ha hablado nunca oficialmente del contacto entre éstos y la Masonería a la que pertenece medio PSOE y que tanto ayuda a la E.T.A. (¡otra vez todos los rojos en la misma fiesta!), pero en fin, ese tema se lo dejo a alguien más leído que el abajo firmante.

Más de mil doscientos muertos en acciones terroristas de diversos signos y nacionalidades, finalidades y ejecutores, alentados desde la pasividad de esta democracia constitucional que a todos los enemigos de Dios y de la Patria les ha otorgado tantos derechos ridículos y siempre contraproducentes. Me siento respaldado por los hechos para decir que la democracia que padecemos lleva a sus espaldas, de forma indirecta, tantos muertos como no haya sido capaz de evitar con sus débiles métodos represivos.

No se habla más que de las víctimas del Franquismo (incluso se le responsabiliza al Generalísimo de todas la víctimas generales de la Cruzada), pero nadie habla de las de la inefable Constitución, porque aunque como ya he dicho, sean a consecuencia de, y no producidas por, siguen siendo muertos constitucionales, ahora que tan de moda está el término. Pero lo peor de todo es que nadie se atreve a distinguir entre muertos, y las diferencias entre unos y otros son notables y radicales.

Mientras que en la Única España, Grande y Libre como era y exaltaba su Escudo, la Justicia condenaba a muerte a los asesinos, la pasiva democracia, regida por su Constitución, ha permitido hasta el momento más de un millar de muertos a manos de quienes antes eran las “víctimas”. ¿De verdad alguien cree que son lo mismo ciento noventa y dos asesinos ejecutados por la Justicia que ciento noventa y dos trabajadores jóvenes, ajenos a la “clase dominante” que dirían ellos, masacrados por extranjeros que se amparan en los privilegios que aquí se les da?

Ello me conduce a la eterna pregunta de… ¿a quién defiende el socialismo? ¿A las clases menos favorecidas económicamente, o a quienes menos recursos culturales o intelectuales tienen para no dejarse engañar? Pero este es un artículo conmemorativo de la masacre moro-masónica izquierdista que se dio hace dos años, y cuya desestabilización aún perdura. Limítome en este final a pedir humildemente al Altísimo que tenga a los Caídos en su Gloria Eterna, ya que vieron sus vidas sesgadas demasiado pronto, y que ilumine a esta pobre España que se muere, para que se puedan evitar, mejor tarde que nunca, nuevas barbaries como las que hemos sufrido.

Artículo extraído de: www.generalisimofranco.com