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30
años de democracia.
Rafael Sanz.
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Después de décadas de poder personal, Franco estaba
aburrido, cansado y deprimido. Comentaba en privado lo que
le gustaría retirarse de monje cartujo (la orden monástica
más estricta), “para no ver a nadie, ocupar todo mi
tiempo en rezar a Dios y dedicarme a un trabajo manual para
olvidarme de todo”. Hacía años que su presidente del
gobierno, dirigía los consejos de ministros, mientras él
presidía ausente las sesiones. “Franco es un viejo y aquí
no hay más cojones que los míos”, decía su propio
presidente del gobierno, el despótico Arias Navarro. El
ministro Girón, creador de la Seguridad Social, haría
escuchar a Franco la grabación de dicha frase.
Tras la guerra interna de todos contra todos, se
escondía un vacío de poder.
Pocos creían en el sucesor . Ni siquiera en su
familia ; la mujer de su tío el infante don Jaime aún
afirma: “Juanito siempre fue el tonto de la familia” .
Arias Navarro se lamentaba : “Cuando hablo con un niño no
puedo estar más de 10 minutos ; luego me aburro y no sé de
qué hablar; eso me pasa con Juan Carlos”. Juan Carlos
comentaba a su vez de Arias: ” Es terco como una
mula ”.
El vacío de poder empezó con el asesinato del
presidente Carrero Blanco. Carrero era odiado por muchos:
había apartado del poder a falangistas, ultras y católicos
integristas. Tenía su propio guión : había promocionado a
un joven en quien confiaba, para su elección como
Procurador para la novena legislatura de las Cortes
franquistas: Adolfo Suárez. La mano derecha de Carrero era
Fernández Miranda, que asesoraría al rey, como presidente
de las Cortes, para que nombrase a Suárez e impulsase la
Ley de Reforma Política. Carrero también apostaba por el
reformista Manuel Fraga y su equipo. Ya en 1972 Carrero había
hecho contactar a los servicios secretos con un joven
abogado socialista, Felipe González, pues Franco había
dicho que tras su muerte quería “un turno de partidos:
uno socialdemócrata y otro de centro democrático”. Tras
el asesinato de Carrero, todos sus protegidos se verían relegados y sustituidos por ultras,
para reaparecer tras la subida al trono de Juan Carlos como
impulsores reales de la Constitución.
El propio líder de la única oposición real a la
dictadura, el comunista Santiago Carrillo, comenta años
después: “No estoy convencido de que el asesinato de
Carrero cambiase la historia de este país”. La reina Sofía,
sí lo cree:”Si Carrero hubiese sucedido a Franco, el rey
no hubiese sucedido a Carrero”. “Sin aquello (el
asesinato) no estaríamos aquí”.
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El régimen dejó hacer a ETA : Urano devorando a sus
propios hijos. Años después, en 1981, el comandante Cortina,
empleado de los servicios secretos, amigo personal y compañero de
promoción de Juan Carlos, estaba acusado por su presunta
participación en el golpe de estado del 23-F. A la pregunta del
fiscal sobre qué hacía un coche de los servicios secretos a las
puertas del Congreso cuando entran los golpistas, Cortina responde:
“No tiene nada de particular: también había un coche (de los
servicios ) cuando mataron a Carrero”. Cortina salió absuelto del
juicio. Cortina era en 1973 fundador y jefe de los servicios de
información del Alto Estado Mayor a cuyo frente se encontraban dos
generales antifranquistas: los tenientes generales Díez-Alegría y
Gutiérrez Mellado. El biógrafo del rey, su amigo Villalonga,
afirma que es raro que Juan Carlos no estuviese al tanto de la
conjura. Sin Carrero, España se libraba de una futura democracia a
la turca, tutelada por los militares. Pero a la vez, la ausencia de
Carrero suponía la vuelta de los ultras y la ofensiva contra el
rey, que perdía con Carrero su principal valedor y podía ser sustituido
por su primo Alfonso, casado con una nieta de Franco. El ultra marqués
de Villaverde, suegro de Alfonso, yerno de Franco y enemigo de Juan
Carlos, afirmó tras el atentado contra Carrero: "De
momento tenemos 5 años de Arias”. Si Franco hubiese vivido 2 años
más, es posible que Arias hubiese cambiado a Juan Carlos por su
primo Alfonso. Sólo con hacer públicos los contactos que Juan
Carlos mantenía con la oposición, le hubiese sido fácil acusar a
éste de traidor.
¿Fue Juan Carlos el artífice de la transición? En
algo coinciden Franco y la izquierda: fue el propio pueblo español.
En 1972 le dice Franco al enviado del presidente americano Nixon:
“Tras mi muerte vendrá lo que ustedes, los ingleses y los
franceses quieren: la democracia, la pornografía y la droga. Se
llegará muy lejos en esas locuras. Pero no pasará nada, porque
dejo algo que no existía cuando me hice cargo del gobierno: la
clase media. Confíen en el buen sentido del pueblo español: no
volverá a haber una guerra civil”.
Muerto Franco, el rey da en 1976 un discurso ante el
Congreso americano. El Secretario de Estado americano, el bien
informado Henry Kissinger, al escuchar el discurso en el que Juan
Carlos presenta el guión de lo que va a ser el nuevo régimen
democrático, comenta : “Franco ha cumplido”.
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