
20-N: Siempre en nuestra memoria: Franco
La nostalgia y el 20-N.
Por José Gabriel. 20/11/1975.
Se conmemora un año más, con la pasividad y silencio de los desagradecidos, y la bilis macabra de los resentidos, el 20 de Noviembre.
Esta fecha ha discurrido bajo diferentes estados de ánimo y motivaciones en función del momento histórico vivido. Hubo 20N del dolor, ante la ausencia de José Antonio y la posterior de Francisco Franco; luego llegaron los de la rabia por la impotencia sentida frente a los vendidos y los enemigos de España; después, los de la esperanza al contemplar los éxitos de convocatoria y el auge de las Fuerzas Nacionales; por último, los del largo peregrinar sin rumbo tras comprobar que los asistentes votaban a los que no asistían; fueron jornadas de yerma unidad y agotamiento progresivo….
Todos se realizaron bajo censura, insultos, silencios y vejaciones; todos, soportando la eterna acusación de ser nostálgicos que sólo mirábamos al pasado.
La nostalgia, no es otra cosa «que la pena causada por el recuerdo de un bien perdido». No tiene por qué ser peyorativo el sentirla ¿Acaso no hemos perdido un bien con el asesinato de José Antonio y la muerte de Franco? Hemos perdido además, un bien espiritual y material, ya que ambos fueron predicadores de la Verdad a la vez que realizadores de logros tangibles.
Con ellos se dignificó la vocación del político y la del estadista; fueron honrados y eficaces, generosos y valientes. Tenemos no el derecho, sino la obligación, de ser absolutamente nostálgicos frente a personajes históricos de semejante envergadura. La pérdida del Generalísimo, coincide además y no por casualidad, con la mayor involución política y moral que ha sufrido España en sus siglos de historia, y esto, sí supone una pérdida indiscutible.
Tampoco encuentro condenables nuestras miradas a tiempos pasados. La historia, cuando no es propaganda y manipulación, es la escuela de la vida, y no un lastre que desechar: nos da lecciones de errores y aciertos, nos marca puntos de partida y nos da referencias totalmente válidas en la actualidad ¿O no siguen siendo vigentes por desgracia buena parte de los análisis de José Antonio? Basta con recordar, a modo de ejemplo, como denunciaba que los separatismos, la lucha de partidos y de clases sociales, eran los principales problemas de España. ¿Y Franco? ¿No nos advirtió sobre el estado de alerta de los enemigos de España? Las referencias que podríamos dar de ambos con relación a nuestro presente, son demasiadas….
Mirando al pasado encontramos argumentos contra el derrotismo, sabemos que nuestros principios y valores triunfaron y fueron génesis de políticas eficaces. No miramos al pasado para restablecer un sistema político determinado ni situarnos en una época histórica pretérita, miramos, para volver a creer y crecer. Cuando los principios y valores obedecen a la Verdad, son siempre eternos, y lo que es eterno, es presente y futuro.
Pero es lógico que a ellos no les guste que hablemos del pasado. Por una parte, la izquierda, que no hace otra cosa que perpetuar rencores y proyectar frustraciones, le interesa monopolizar la historia para que nadie les recuerde sus genocidios, sus incoherencias, sus falsedades y sus ambiciones; por otro, la derecha liberal, se avergüenza y reniega, para que nadie les recuerde sus efímeros juramentos, sus cesiones, sus claudicaciones y cambio constante de rumbo. Le molesta a la derecha que sigamos paseando el Águila de San Juan o el Yugo y las Flechas, que no renunciemos a cantar nuestros himnos escritos a sangre y fuego; dicen que así no se va a ningún lado…. ¿Y la izquierda? Que yo sepa, socialistas y comunistas pasean banderas republicanas, hoces y martillos, caras del Che, cantan la Internacional…. ¿Les va mal por ello? ¿No será que algunos les duele el alma al ver que nosotros no renunciamos a nuestros juramentos? Gracias a que miramos al pasado, sabemos que las propuestas de ambos no son nuevas ni originales. No caigamos en su trampa, no juguemos en su terreno, no marquemos nuestras estrategias en función de un estúpido modernismo político; de lo contrario, caeremos en la estéril soberbia que trata de mejorar lo que no se puede mejorar y quiere inventar lo que ya está inventado. Nuestros símbolos representan lo que defendemos, podemos innovar y crear otros nuevos, pero sin esconder lo que no tiene por qué esconderse.
El momentáneo fracaso de las Fuerzas Nacionales no está en la nostalgia y el pasado; está, en no saber encontrar los medios para luchar contra la mentira que hoy elevan a categoría de ley, tratando con ello de transformarla en verdad; está en hacer atractiva nuestra propuesta y convencer de su necesidad a una juventud conquistada por el indiferentismo dogmático hacía su Patria; una juventud castrada y embebida por el materialismo a la que los únicos modelos de sociedad que se le proponen son los de Sodoma y Gomorra; una juventud que tiene por propósito de vida un sinfín de naderías. El sistema, vive no sólo del error, sino fundamentalmente de la mentira, y con ella, controla a una generación educada en la nula reflexión; una generación mediocre y manipulada por organilleros de la historia, charlatanes de la política y desertores de la moral.
La nostalgia por la cual recordamos el 20N tiene que servir de estímulo y de impulso. Las figuras humanas de José Antonio y Francisco Franco han de ser un modelo de exigencia personal, y lo que ellos lograron, un acicate que nos ayude a saber que con Fe y Voluntad, todo es posible. Si miramos al pasado con perfume de naftalina, tratando de paliar nuestras frustraciones presentes evocando gestas lejanas que somos incapaces de repetir, pasaremos de la nostalgia a la melancolía, y ésta, sí es una actitud peligrosa que debilita al ser humano y lo convierte en algo inane. Peor aún, cuando se recurre a la historia para depurar ideologías, enfrentar a sus protagonistas y justificar divisiones actuales. Esto sí que es vivir en el pasado y del pasado; esto es un cáncer, y quien procede de semejante manera está inhabilitado para el quehacer político.
Debemos de ser críticos y tratar de incomodar a las conciencias aletargadas; pero no lo hagamos provocando rechazo con actitudes patrioteras que nada tienen que ver con nuestro estilo ni con nuestra moral. Nuestro ideal no es el verdadero por ser nuestro; es el verdadero porque persevera en la Verdad, y nosotros, hemos elegido servirla y predicarla.
Participemos una año más en los actos del 20 de Noviembre, y de paso como católicos, no dejemos de encomendarnos a la intercesión de Franco, José Antonio y de todos los que descansan en el Valle de los Caídos. Seguro que nos sirve de provechosa y sana ayuda. Pidámosles que nos refuercen en la ardua tarea de poner fin al suicidio y asesinato de nuestra Patria.
Artículo de opinión extraído de la página: www.generalisimofranco.com