20-N: Siempre en nuestra memoria: Franco

 

20-N: José Antonio y Franco.

Por Juan Antonio Lamarca. 20/11/2006.

No es mi intención, ni mucho menos, como convencido joseantoniano y franquista que soy - patriota con memoria y agradecimiento al fin y al cabo - abordar con este artículo una fijación permanente que pueda ser calificada como “nostálgica” o demasiada anclada o pendiente en el pasado. Nada más alejado de mis intenciones que el marear la perdiz constantemente, deteniéndonos sobre una discusión histórico-doctrinal que nos impida avanzar y trabajar en lo que actualmente requiere y necesita la situación por la que atraviesa nuestra Patria. Nadie más interesado que yo en que el tema que encabeza este artículo hubiera quedado zanjado desde hace ya AÑOS, y no fuera por tanto una circunstancia susceptible de enojar sentimientos o apreciaciones particulares.

Mi único propósito, desde la lealtad y el cariño, es el de homenajear, en esta fecha tan entrañable y profunda del 20 de Noviembre, el ejemplo de dos españoles cercanos a nosotros en la Historia y que representaron – y todavía hoy para muchos siguen representando – unos arquetipos incuestionables de amor a Dios, amor a la Patria y amor a la Justicia; uno con la palabra y la muerte, otro con la obra y la vida: respectivamente, José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde.  

Decir – como se ha oído tantas veces -  que José Antonio y Franco se tenían mutua antipatía es simplemente mentira. En el domicilio de Serrano Suñer se celebró, el 12 de Marzo de 1936, una entrevista de José Antonio con Franco, al que ya en 1934 le escribe una larga carta (que se reproduce en las “Obras Completas”) sobre los males de España en aquellos momentos, lo que prueba la esperanza que en él, como militar de prestigio,  concebía. La Falange estaba enlazada con todos los mandos militares del Alzamiento que se preparaba, o sea, que no fue una cosa hecha a sus espaldas, o a la que se incorporó después más o menos alegremente. Cuando José Antonio, preso en Alicante, se enteró de quién estaba al frente del Alzamiento Nacional, no dudó en exclamar: “¡Tenemos al hombre, España tiene al hombre! 

A mí me duele en el alma esos propósitos que tienen algunas personas a los que quiero considerar como camaradas, de pretender lanzar el nombre glorioso de José Antonio - Poeta, Capitán de Juventudes y Mártir - nada menos que contra quien fue el Caudillo victorioso de la Cruzada y de la Paz. Eso es infame, rastrero y ruin. Es una injuria canallesca, huérfana del más mínimo sentido de la caridad cristiana y la veracidad histórica, tratar a Franco como asesino de José Antonio, se afirme por ignorancia o por maldad. Por esa misma regla de tres, Franco sería el culpable de la muerte de 13 obispos y 6832 sacerdotes, de Ledesma Ramos y Maeztu, Pradera y Calvo Sotelo, de Muñoz Seca y Goded, y de muchos miles de españoles más asesinados por el odio marxista.

¿Es que acaso Franco tenía autoridad sobre la zona roja? ¿Se ignora que Franco se retiró en las elecciones generales repetidas en la circunscripción de Cuenca el 3 de Mayo de 1936 para no perjudicar la candidatura de José Antonio, y que éste pudiera obtener el Acta de diputado que le concediera una cierta inmunidad legal frente a las pretensiones del gobierno izquierdista del Frente Popular de asesinarlo?

Agustín Aznar, desde Salamanca, intentó la liberación de José Antonio con la aquiescencia del Caudillo, que le había dado el dinero necesario para la operación. Por eso no es verdad todo lo que se dice de que Franco no tuvo interés en liberar a José Antonio. Agustín Aznar llegó con ese dinero a Alicante, con la idea, de acuerdo con el cónsul alemán, de sacar de la cárcel a José Antonio mediante soborno y embarcarlo en un barco alemán que ya esperaba. Franco hizo una gestión directa con el almirante de la flota alemana del Mediterráneo para que fuera puesto a disposición de los falangistas, mandados por Aznar, el cazatorpedos “Iltis” y un millón de pesetas de la época, que por orden suya le proporcionó Queipo de Llano. Pero la operación fue descubierta y se abortó. Todo esto lo relata la propia hermana de José Antonio en sus Memorias, “Recuerdos de una Vida”. ¡Y qué persona de mayor confianza en la verdad y limpieza de sus palabras que la propia hermana del fundador de la Falange!.  

Recordemos también que José Antonio, en su propio Testamento, preso en Alicante y condenado a muerte,

refiriéndose al Alzamiento Nacional del 18 de Julio, dijo: 

“Hay un párrafo que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccional con «mercenarios traídos de fuera». Jamás he dicho nada semejante. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en África heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre”.

José Antonio es de todos, y para todos. José Antonio no puede ser defendible sólo desde una especie de “capitalismo del espíritu”, como si José Antonio fuese sólo de unos, como si no se le pudiera mirar, ni tocar, ni decir, ni hablar, ni exhibir; como si José Antonio hubiera fundado una capillita y no, como bien lo hizo, hubiera dado un gran ejemplo para todos los hombres y mujeres de España, con una doctrina universal, integradora, que vale para todos. El ejemplo de José Antonio vale para todos.

Como declaró también Pilar Primo de Rivera en la muerte de Francisco Franco:  

Hemos de reconocer que, pese a todos nuestros disgustos, aquél Régimen servía a España, a su irrevocable Unidad y a la Justicia, y que el Sistema nacido después de la muerte de Franco ha hundido a la Patria en los más profundos abismos, enalteciendo así y elevando la figura del Caudillo a las alturas que por su ingente obra, su Patriotismo y sus dotes de estadista merece.

La vida del  Caudillo, en realidad, ha sido una vida gloriosa y buena, honradamente buena. Nunca agradecerá bastante España a Franco lo que ha hecho por ella. Era un hombre al que quizá no conocíamos; sabíamos, sí, que como militar era extraordinario, pero sus dotes de político fuera de serie se nos han ido revelando en estos cuarenta años de gestión.

Poco a poco íbamos confiando más en él, hasta alcanzar la plena confianza de España. No creo que ningún pueblo haya tenido más fe en sus gobernantes que los españoles en Franco. Todas las clases vivían tranquilas y no querían variar, no es verdad que echaran de menos libertades y participación, porque lo que querían era vivir en paz y con justicia, y eso, con creces, se lo otorgaba Franco, acompañado por un inmenso equipo de hombres y mujeres que, seguidores del pensamiento político de José Antonio, iban construyendo ese milagro de la España donde se hizo realidad nuestro deseo de Patria, Pan y Justicia”.

En definitiva, Franco, sin ser propiamente un falangista, cierto es, educó en falangista a toda una generación de españoles. Sin Franco, seguramente hoy día muchos denominados falangistas no sabrían nada ni de José Antonio ni de la Falange, pero sí mucho de Lenin, Stalin y el Soviet. El Régimen de Franco, sin ser puramente, exclusivamente, exhaustivamente nacionalsindicalista, promovió, alentó y erigió todo un sistema de organización estatal y social que tuvo como núcleo central el pensamiento de José Antonio. El Régimen de Franco, a pesar de concurrir desde el principio en su configuración y en su sostenimiento diversas fuerzas y corrientes políticas, tomó como estructura permanente una Ética y un Estilo evidentemente falangistas.

Y Franco cumplió con el deber y la caridad cristiana de honrar y exaltar la figura y el ejemplo de José Antonio.

Al menos, como cristiano y como patriota, Francisco Franco merece ser respetado y admirado como uno de los mayores estadistas de la Historia de España. Y por lo tanto, digno de ser incluido con todo merecimiento, junto a José Antonio y los falangistas, junto a los hombres de “Acción Española”, junto a las figuras y combatientes del Tradicionalismo, en la nómina histórica y eterna del respeto y a admiración hacia los mejores y señeros protagonistas de la Historia de nuestra Patria. 

Yo, creyente en el Señor de la Muerte y de la Vida, no creo que fuera una casualidad que José Antonio muriera fusilado junto a dos requetés tradicionalistas, mezclando su sangre con la de éstos para siempre.

Y tampoco considero una casualidad que a ambos, José Antonio y Franco, los llamara a Su presencia El Altísimo un 20 de Noviembre con casi 40 años de diferencia, compartiendo sus últimas moradas terrenas en el Valle de los Caídos, Santa Basílica y lugar Sagrado en el cual, siempre que acudo, rezo emocionadamente y pido por España ante la tumba de cada uno, sin distinción.

Por eso considero un deber sostener, también en esta circunstancia, la cita evangélica que reza:

“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

Que Así Sea.

 

Artículo de opinión extraído de la página: www.generalisimofranco.com