
Por Juan Francisco Fernández.
A los asesinos se les llama
eufemisticamente violentos, al aborto, interrupción del embarazo, la dignidad
humana de los embriones queda relegada con el término médicamente inexistente
de "preembrión", pareja ocupa el lugar de la palabra matrimonio,
ultracatólicos son denominados los que defienden el matrimonio como unión
estable entre hombre y mujer o quiénes se manifiestan por la libertad de elegir
escuela libremente y educar a sus hijos en la religión elegida, con puntuación
académica y en horario lectivo, como garantiza la Constitución.
El 3 de marzo, el BOE modifica los asientos y
certificaciones del Registro Civil y del Libro de Familia. Aparecen los términos
Cónyuge A y Cónyuge B en sustitución de Marido y Mujer.
Todo
ésto sólo se comprende dentro de una ofensiva laicista que pretende
desterrar al exclusivo ámbito privado los valores del cristianismo, reduciendo
la trascendencia humana al mero racionalismo materialista, despreciando la auténtica
libertad integral de las personas.
No se entiende la lucha de Zapatero y su Gobierno contra el
impagable aporte socio-cultural de bimilenaria cuna en España, mucho menos cuándo
la aconfesionalidad que propugna la Carta Magna tiene en cuenta las creencias de
los españoles y establece relaciones de cooperación con la Iglesia Católica
por ser la de más amplio arraigo en nuestra nación.
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