
Los
medios no justifican el fin.
Por Jaime López-Dórica. 23/03/2006.
Anestesiado
y estafado el pueblo Español, la idolatrada e irreemplazable democracia ha
alcanzado su último gran logro político. Por primera vez en la Historia, tras
la crisis de 1640, un cambio de dinastía en el Trono, una invasión francesa,
dos funestas repúblicas y un largo etcétera, un Rey de España, un Gobierno
Central y una Constitución Nacional han permitido vergonzosamente la ruptura de
la Nación Española. Afirmó Don Ramiro de Maeztu que «ser otro es lo mismo
que dejar de ser lo anterior». Y ahora España deja de ser la Nación en la que
se enlazaron los Reinos Hispánicos allá por el siglo XV -obra nada baladí
aunque ya no se aprecie- y que como tal se mantuvo con todas las vicisitudes políticas
que se sucedieron a lo largo de los siglos.
Es
de suponer, por lógica onomástica, que ninguno de los dos partidos no
separatistas ha querido, por sí mismo, llegar a la situación actual. Pero son
estos partidos, curiosamente, los que acaparan a la gran mayoría de los
votantes. Y aún siendo mayoritaria la población no separatista, se admite
legalmente la existencia de otras naciones dentro de la Española. Esta pequeña
reflexión me lleva a afirmar que la que padecemos es una democracia
absolutamente partidista, y que está refrendada por la Constitución y los políticos
y votantes que participan en ella.
Hoy
en día, cuando la democracia está considerada por Occidente como la única
forma de gobierno decente, y de carácter universal -sin importar la cultura o
circunstancias de cada país- se tilda poco menos que de perturbado a quien
reniega de ella. Todo queda justificado, dejando a un lado Valores y Moral, si
ese todo está aprobado democráticamente. Cualquier cosa.
Hoy
por hoy no hay enajenado, desde el Jefe del Estado hasta el último concejal,
que anteponga el fin perseguido a los medios utilizados. Por lo tanto, si la
democracia permite, como lleva permitiendo desde que existe en este País, la
ruptura paulatina y progresiva de España y la desaparición de todo fundamento
Cristiano y tradicional, ¡la democracia no es buena para España!
Si
este alabado sistema político no sólo no consigue acabar con un terrorismo
comunista, sino que además favorece a sus secuaces -como hace con este Gobierno
socialista- es obvio que la democracia no arregla los terribles males que asolan
España.
Si
la manipulada soberanía nacional no sólo no fortalece y fomenta la hoy débil
cohesión de las Tierras de España, sino que facilita su ruptura en funesto
contubernio con una Constitución que reconoce nacionalidades regionales y no
censura sus consecuentes nacionalismos, dicha soberanía es claramente
perniciosa para la Patria.
Pero es que además esta democracia está liderada por políticos que, lejos de trabajar para quien les elige y les da de comer, fundamentan su labor en el engaño a las masas para lograr más poder y más años en la cima del mismo. Y España debe ser lo primero y más importante para la política de sus gobernantes. Ellos y sus leyes deben salvaguardar su Unidad por encima de todo. Porque España debe ser siempre el fin inmutable, los medios deben adaptarse a la consecución de ese fin, y no por el contrario amoldar el fin a los medios que se quieren utilizar sobre todas las cosas. Actualmente el fin no está predeterminado, sino que cambia según la utilidad que se le dé al pobre sistema que nos rige. No hay, por tanto, un fin concreto por el que luchar trabajando, sino unos medios intocables cuyo fin resultante es absolutamente degenerado.
Esta
desolada España pide a gritos y con urgencia una verdadera sedición.
Una
sedición política, intelectual, moral pero sobretodo social, desde los pilares
más básicos de la sociedad, que devuelva a España una mínima cordura
general, liberada de complejos estúpidos, para que combinada con una buena ración
de sentido común y valores derrote a sus enemigos alejándose de la mediocridad
y debilidad actuales. Pero como dijo un conocido poeta, supongo que por
experiencia propia, «España ha sido siempre muy
poca cosa para un Español».
Artículo extraído de la página: www.generalisimofranco.com