
Laura Vázquez. 05/05/2006.
Quiero
abrir mi corazón en este rinconcito de Internet para contaros mi historia de cómo
tres “simples” palabras me han ayudado.
La
vida es muy complicada para todos, independientemente de las ideas, creencias,
dinero… por eso, muchas veces juzgamos antes de conocer y más lo
“sufrimos” los que estamos en este lado.
Sé
que intentar razonar con ciertas personas es muy difícil, por eso espero que
por lo menos mi historia abra los ojos sobre todo hoy donde la palabra solidaridad
se utiliza mucho, pero se aplica poco.
Tener
unos padres que quieran y luchen a muerte por sus hijos, es un regalo con el que
Dios nos ha bendecido a mi hermano y a mi.
Mi
hermano, a causa de un error médico, es diferente a los demás. Cuando tenía
apenas un año, andaba, corría, hablaba… como todos los bebés sanos. El
problema fue encontrar mis padres, a unos incompetentes y desalmados.
Se
le diagnosticó un simple constipado. No se curaba, por lo que mis padres
volvieron al médico. “Uds. son unos histéricos porque son primerizos”. Eso
dijo el insigne doctor.
Como
a mi hermano le dolían los oídos, otro doctor decidió punzárselos sin
anestesia, y le dijeron a mi padre, que si el niño movía la cabeza, podrían
causarle una lesión. Increíble.
Le
aconsejaron ir a ver a un psicólogo infantil el cual cada vez que le veo, me da
rabia, no porqué sea el director de un importante hospital madrileño, si no
por la de niños que habrá destrozado. Este señor, por llamarle de alguna
manera, les dijo muchísimas burradas entre ellas, que debían abandonar a mi
hermano y hacer su vida, que debían abortar de mí… en fin, a pesar de ser el
año 79, este ilustre y glorioso doctor, le dijo a mi madre que abortase. Hace
falta ser animal. Lo que me preocupa es ¿cuántas madres le habrán hecho
caso?.
Un
buen día, mi madre, salió de su angustia, miró al Cielo y rezó. Simplemente,
rezó. Cuando se supo, gracias aun grandísimo doctor, que realmente el problema
de mi hermano era que se le estaba formando un tumor cerebral (y no un
constipado), mis padres no tenían dinero y aún así, accedieron a operarle.
Hubo una mano dadivosa que les regaló el dinero mientras mi hermano estaba en
quirófano. El poder de la oración es inmenso.
La
historia es más extensa, pero la evolución de mi hermano ha sido gracias a
Dios. Sí, gracias a Dios. A esa Fe que tuvieron mis padres. El trabajo
realizado por todos en la mejoría de mi hermano se ha basado en el “simple”
amor. Un amor tan grande que verdaderamente demuestra que con cariño y
comprensión se avanza más que con desesperación. Mis padres nunca perdieron
la esperanza.
Con
el paso de los años, he podido comprobar el grado de solidaridad de los que
campean por España. Ínfimo. Entiendo que uno se asuste ante lo que no conoce,
pero de ahí a poner caras de asco, hacer comentarios…
Por
eso, cada vez que me recuerdan la manifestación de la guerra de Irak, me
repatea, no por el tema, si no por que nadie ha parado a manifestarse por los
derechos de los minusválidos. Eso si, los monos ya tienen derechos humanos.
La
gente solo va a lo suyo y juzga antes de conocer algo y si se equivocan… no
pasa nada, su orgullo siempre queda por encima de todo el daño que hagan.
Cuando
me han criticado por diversos foros, a causa de mis ideas, y me decían que yo
debía entender a la gente y ser más abierta, recuerdo todas las veces
que he luchado y sigo haciéndolo, por el respeto de las personas que no pueden
valerse por si mismas.
Lo
malo es que vivir en una sociedad tan liberal, tan solidaria, tan bucólica, es
la realidad: cada vez estamos más pendientes de nosotros que de los demás.
Solo apoyamos las tonterías del gobierno, porque no nos afecta directamente.
Eso es muy triste.
Cuando
les oigo decir que Dios solo protege a los ricos y recuerdo a mi hermano en quirófano,
a mi padre volviendo a la vida después de estar clínicamente muerto, a mí
misma abriendo los ojos… no puedo decir que Dios ayude a los que son ricos.
Materialmente no lo soy, pero sí espiritualmente. Amo a Dios, tengo mucha
confianza en El. El cariño que un minusválido te da, el enseñarnos que las
cosas importantes son las que menos importancia les damos, como un beso, una
sonrisa, un abrazo, una broma…
Si,
mi vida no será fácil, pero me da igual, pues se que Dios está a mi lado.
Siempre estará. El no deja sola a la gente, es la gente que se aleja, yendo por
el camino más rápido y placentero que muchas veces, no es el adecuado.
Por
eso, cada vez que me llaman pija, facha asesina y todas esas lindeces, sonrío
pero no con superioridad, si no con pena, por ver que mi proveedor de piropos en
ese momento, es un ignorante que no se pone en el lugar de los demás. Solo se
queda en lo superficial y eso, que son ellos los que hablan de solidaridad,
comprensión etc…
Es
cierto que la Fe mueve montañas. Si la perdemos, no tenemos nada. Tener Fe no
es solo ir a misa el domingo, si no ofrecerle a Dios todos los días, lo bueno y
lo malo.
Aunque
la situación sea la peor que hayamos vivido, deberíamos dirigirnos a El. Es
gratis, nunca está sin cobertura, ni comunica. Ojalá todos estuviésemos
dispuestos a escuchar como lo hace El a todas horas, en todo momento.
Artículo extraído de la página: www.generalisimofranco.com