PRINCIPIO DE CIVILIZACIÓN
Por Rafael Sanz. 12/10/2006.
Decía
Pilar Primo de Rivera, que su padre, como militar, les había inculcado tanto a
ella como a sus hermanos el orgullo de que por sus venas corriera sangre española.
También yo sentí ese orgullo desde mi infancia. Porque para quien se haya
criado en el Marruecos de la década de los 70, la Hispanidad era mucho más que
una figura retórica o un concepto abstracto, era una realidad bien concreta,
que podía conocerse con sólo recorrer unos 200 kilómetros , la distancia que separa Rabat del enclave español de Ceuta.
Al llegar a territorio español, se dejaba atrás la mugre y miseria de
Marruecos. El significado de la Hispanidad era algo bien tangible: un país en
orden, una sociedad que funcionaba. Al llegar a España, los policías ya no
paraban a los conductores para imponerles multas ilegales, se respetaban las señales
de tráfico, los moscas no se arremolinaban en torno al pescado en los mercados.
El camarero era educado o mal educado, pero nunca servil, y la basura no se
amontonaba en las calles. Puede parecer prosaico, pero es bien real.
La
hispanidad ha sido históricamente eso, una de las variantes de la civilización.
Al colonizar América no sólo mejoramos la dieta de los nativos (ya no se comían
entre sí...), sino que llenamos el salvaje continente de arte colonial y
universidades. No está mal. Cuando España fue expulsada de aquellas latitudes,
una sucesión de guerras y golpes de estado ha devuelto al continente
”hermano” a su endémico atraso: ya no se comían entre sí, pero no paraban
de matarse unos a otros. Con la excepción de Chile, Uruguay y Argentina, que se
vieron bendecidos con una inmigración masiva de españoles. Por ello y no por
otra razón son éstos los únicos países (aparte de Costa Rica) realmente
civilizados de nuestro antiguo Imperio.
Más allá de los artificiales discursos oficiales sobre la hermandad de lengua e idioma, la Hispanidad es lo que tan bien expresó Pilar Primo de Rivera, una gran familia, la de aquellos por cuyas venas corre sangre española. Una gran familia, que creó un imperio que significó un principio de civilización y que aún se cuenta entre los países más avanzados del planeta. Esta gran familia se agrupa en un estado que, a diferencia de sus antiguos colonizados, asegura a sus hijos una sanidad y una escolaridad gratuita. Por gozar de estas ventajas, nos hemos convertido en fortaleza asediada a la que se abalanzan millones de hambrientos de Senegal, China o Pakistán. Es nuestra generación la que decidirá si la Hispanidad sigue siendo una realidad bien tangible o pasa al registro de civilizaciones desaparecidas. Porque si desaparecemos, no sólo desaparecerá un estado o un pueblo, sino todo un principio de civilización.
Artículo de opinión extraído de la página: www.generalisimofranco.com