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La Orden de San
Fernando, fue creada por la Junta Suprema Central en plena guerra de
la Independencia el 31 de agosto de 1.811. Posteriormente el nuevo
rey Fernando VII refrendó el Decreto el 28 de noviembre de 1.814.
Se pretendía premiar
el noble amor patriótico y hechos heroicos en acciones de guerra en
bien de la Patria. Para la concesión de la Cruz Laureada, máxima
recompensa en los ejércitos, se requería” el valor heroico que es la
virtud sublime que, con relevante esfuerzo de voluntad, induce a
acometer acciones excepcionales, hechos o servicios militares, bien
individuales o colectivos con inminente riesgo de la propia vida y
siempre en servicio y beneficio de la Patria o de la paz y seguridad
de la Comunidad Internacional”.
Desde la fecha de su
creación se han otorgado hasta 251 laureadas, de las que 22
pertenecen a miembros de La Legión que es la Unidad mas condecorada.
El primer laureado fue el coronel de artillería García Arista por su
heroica actuación en la batalla de Alcañíz contra los franceses el
23 de mayo de 1.808 y las mas recientes se concedieron al brigada
Fadríque Castromonte y cabo Maderal Oleaga, ambos legionarios,
muertos en combate en la acción de Edchera en la guerra de Ifni-
Sahara el 13 de enero de 1.958
Desde su instauración
la concesión de la Laureada, por su condición de excepcionalidad,
iba precedida necesariamente de un riguroso juicio contradictorio,
para evitar cualquier sombra de duda o favoritismo. Solo eran
exceptuados del mismo los generales en jefe de los ejércitos.
En todos los
conflictos armados en los que hubo de sufrir España, siempre
aparecieron héroes de comportamiento extraordinario que obtuvieron
la preciada recompensa. Desde la guerra de la Independencia, guerras
carlistas, las cuatro de África, Cuba, Filipinas, guerra civil
española, División española de voluntarios e Ifni- Sahara. |
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Alguno de los
laureados lo fueron en dos ocasiones, hay que recordar a los
generales, Espartero, Prím, Concha, Sanjurjo, Varela, Rodrigo y los
capitanes Arredondo y Rodriguez Descansa. Los famosos generales que
ocuparon buena parte de nuestra historia reciente alcanzaron la mas
alta condecoración, los Espoz y Mina, Narvaez, O,Donnell, Weyler,
Primo de Rivera y Franco. Casi todos los generales sublevados en
algún momento de su carrera.
Todos los gobiernos y
regímenes políticos en las diferentes épocas, mantuvieron con los
condecorados la veneración y respeto que su especial condición
merecía, incluso en momentos de gravedad y enfrentamiento
ideológico. Tras los acuerdos de Amorebieta, abrazo de Vergara y las
capitulaciones de las guerras carlistas, era siempre condición
innegociable que a los vencidos se les respetara sus recompensas y
honores alcanzados, del mismo modo ocurrió con los enfrentamientos
políticos tan frecuentes en la España del siglo XIX. El régimen de
Franco respetó las laureadas concedidas por la II Republica,
convertidas en Placas laureadas de Madrid ya que aquel régimen no
reconocía ni cruz ni santos, la del capitán Fermín Galán sublevado
en Jaca, el general Miaja por la defensa de Madrid y el general
Vicente Rojo por su actuación en la guerra civil española.
Hoy los tiempos han
cambiado y así nos encontramos con que una Ley conocida como de la
“Memoria histórica” decide romper con la verdadera historia de
España proscribiendo páginas de heroísmo y dividiendo nuevamente a
los españoles, con odios y revanchas. Hasta once, hasta el momento,
de nuestros laureados van a sufrir el que se arrincone su recuerdo,
según los medios, siendo una Comisión de Expertos del Ministerio de
Cultura el organismo cualificado para determinar los meritos y
circunstancias, de los que pudiesen mantenerse. Huelga decir que en
la referida Comisión no existe ningún militar.
Los militares cuyo
heroico recuerdo se suprime, fueron condecorados no por su
ideología, sino por hechos concretos que militarmente merecían el
reconocimiento de sus superiores y compañeros, superando un
dificilísimo juicio contradictorio.
La Ley que ya ha
entrado en vigor, es realmente de la “desmemoria”. No pueden por
razones ideológicas, hurtar a las generaciones venideras hechos que
ya han entrado en la Historia, con base al resentimiento y una
tremenda ignorancia. Tratar de suplantar esos hechos conduce al
empobrecimiento de nuestro patrimonio histórico y a nuestro
descrédito intelectual. Suprimir laureados y mantener los bustos y
recuerdos de protagonistas del otro bando en la guerra civil, Largo
Caballero, Prieto, Companys, verdaderos artífices de la contienda
,sublevados contra la II Republica en 1.934 o Negrín, es una
provocación en cuestiones que los españoles suponíamos superadas con
la transición democrática y las numerosas amnistías.
No puede promulgarse
una Ley de Memoria histórica, ignorando los asesinatos de
Paracuellos, Alcalá, Torrejón, Guadalajara, olvidándose de las
checas, el Madríd, Barcelona o Bilbao republicanos, los sucesos de
la cárcel Modelo, San Antón , las matanzas a cargo de los milicianos
y tantos y tantos crímenes que fue una lacra para la España
republicana .Habría que recomendar a los redactores de la Ley que
leyesen el libro de reciente publicación (2.008) que edita Akron
“Causa General”, para entender la desmemoria.
Dentro de las
sorpresas a las que estamos acostumbrados en estos tiempos, se
aprueba una declaración por la cual, a instancia de un grupo
minoritario de izquierda que apoya al gobierno, se ha recompensado
con la Cruz del Merito Militar a aquellos militares que en 1.974
formaron lo que llamaron UMD (los úmedos). Se suprime el recuerdo y
memoria de laureados recompensados de acuerdo a la Norma militar tan
exigente y se premia a unos militares que en su momento cometieron
delitos graves contra la institución, la disciplina, conspiración
para la sedición y la constitución de una organización clandestina
dentro del ejército. En ningún ejército democrático estos hechos
tendrían cabida. Los citados oficiales fueron rehabilitados en
1.974, precisamente cuando se encontraba vacante el cargo de JEME,
y se quiso olvidar el pasado de forma discreta para cerrar heridas.
Pero después de estos años la cosa ha ido a más. La ministra de
Defensa acaba de condecorar a aquellos militares con el beneplácito
de los medios de comunicación y determinados partidos políticos,
pues hoy resulta políticamente correcto. Aquellos oficiales si
deseaban hacer política su camino era fácil y lo mismo que el
principal promotor de la UMD debieron solicitar su cese en el
servicio activo, lo que le valió ser diputado del PSOE por Barcelona
en varias legislaturas.
En cualquier caso el
gobierno se ha equivocado de recompensa, los oficiales ahora
condecorados nunca realizaron ningún merito militar.
Cuando las aguas
vuelvan a su cauce habrá que rehacer la Ley de la Memoria Histérica
que recoja la realidad de lo vivido en aquella época, quedando al
margen el fanatismo y la revancha. Los españoles de las generaciones
venideras tienen derecho a conocer objetivamente lo que ocurrió en
España en el conflictivo periodo 1.931-1.940.
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