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Carta abierta al
teniente de la Escala Facultativa de la Guardia Civil D. "Jesús
Padilla Ortega", Director adjunto de la revista "Guardia Civil".
Mi respetado Teniente:
Leo en la última revista del Cuerpo, la número 794, de junio del
presente año, un reportaje titulado "Orden y esplendor romero" (ocho
páginas, con abundante material gráfico incluido), firmado por
usted, en el cual se nos informa, detalladamente, de los actos
organizados, el pasado mes de abril, con motivo de la celebración
del Año Jubilar en honor a la "Virgen de la Cabeza" y del amplio
dispositivo de seguridad dispuesto por la Guardia Civil "para
compaginar el bienestar de los romeros con su propia seguridad […] y
con la conservación del singular paraje en el que se celebra".
Atraído por el título, fue el primer artículo que leí, y al
sobresalto de lo que oculta se añade el susto por lo que no dice.
Leo y releo el artículo, pues no puedo creérmelo, pero al final me
rindo a la evidencia:
Es posible escribir un artículo de ocho páginas, en la revista
oficial de la Guardia Civil, sobre unos actos celebrados en el
Santuario de la Virgen de la Cabeza y los servicios prestados por la
Guardia Civil con ocasión de los mismos y no hacer ninguna
referencia a los hechos que, protagonizados por la Guardia Civil,
allí ocurrieron hace ya más de setenta años.
Es posible incluir diecisiete fotografías para ilustrar el artículo
y no incluir entre las mismas la imagen de la Virgen sosteniendo la
Cruz Laureada y a sus pies el lema y emblema de la Guardia Civil.
Es posible describir el itinerario de los romeros, citar de pasada
el cementerio y no reparar que al mismo se accede bajo un cartel que
reza "La Guardia Civil muere, pero no se rinde".
Es posible no reparar que en ese mismo cementerio figuran los
nombres de varias docenas de guardias civiles y no preguntarse tan
siquiera, en un simple ejercicio de periodismo elemental, ¿cómo,
cuándo y por qué habrán muerto estos guardias civiles?.
Es posible escribir el artículo y no citar al capitán Cortés, a los
tenientes Porto y Ruano, al alférez Carbonell, al brigada Gila y a
su "tropa de niños", al Cerro de la Cuarta, los bombardeos, la
artillería, los suministros del capitán Haya, el heliógrafo, las
palomas mensajeras, el doctor Liébana, la piedra que habla, …
Es posible no recordar que el Santuario de la Virgen de la Cabeza
fue el "escenario" en el que muchas promociones de guardias civiles
juraron bandera, algunos de los cuales aún hoy se encuentran en
activo.
Sí, aunque todo lo anterior parezca inverosímil teniendo en cuenta
la naturaleza y el carácter de la publicación y sus presumibles
lectores, es posible, y a lo publicado me remito.
No pretendo, nada
más lejos de mi intención y de mi pobre pluma, dar lecciones de nada
a nadie, y tampoco pretendo, y ruego que nadie lo interprete así,
realizar la defensa apologética de unas determinadas opciones
políticas. No, por favor, nada más lejos de mi intención.
Simplemente pido que nadie, por ignorancia, desmemoria o, lo que
sería peor, subrepticia y maliciosamente y por que no sea del agrado
de ciertas asociaciones "profesionales", hurte a los guardias
civiles el conocimiento imparcial y objetivo de su propia historia.
Pido, apelando al principio de honestidad intelectual, que nadie
manipule, oculte, tergiverse o desvirtúe esa historia, escrita las
más de las veces con su propia sangre. |
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En los trágicos días de julio de 1936, como sin
duda usted sabrá, mi respetado teniente, la Guardia Civil, al igual
que el resto de la sociedad española, se dividió, dejando en
territorio republicano catorce de las cabeceras de sus entonces
veinticuatro Tercios, veintisiete de sus cincuenta y ocho
Comandancias, ciento veinticuatro de sus doscientas Compañías y ocho
de sus nueve Escuadrones de Caballería.
Desgraciadamente para la República, por Decreto de 30 de agosto de
1936, apenas cuarenta días después de iniciada la contienda, la
Guardia Civil sería suprimida, creando en su lugar un nuevo cuerpo
de seguridad – la Guardia Nacional Republicana - la cual
progresivamente iría diluyéndose en la marea revolucionaria, entre
las unidades de milicias y con la inestimable labor de los comités
anarco sindicalistas y las comisiones depuradoras. Por eso, mi
teniente, apenas podemos rememorar ningún hecho histórico relevante
protagonizado por la Guardia Civil "republicana", aunque, al igual
que las "meigas", "haberlos, si los hubo".
Así, mi teniente, cuando "toque", puede usted rememorar la figura y
la actuación ejemplar del coronel Escobar y del Tercio de Barcelona
en la Vía Layetana, puede usted, y creo que debe, cuando "toque",
reivindicar las meritorias actuaciones del general Aranguren, Jefe
de la Zona de Cataluña, del comandante Rodríguez Medel, de la
Comandancia de Navarra, del comandante García Ezcurra, de la
Comandancia de Guipúzcoa, del capitán Ibarrola, de la Comandancia de
Vizcaya o la del también capitán Alonso Nart, en Sama de Langreo. A
estos nombres habría que sumar una larga lista de anónimos guardias
civiles de empleos más modestos, cuyos nombres no pasaron a las
páginas de la historia, pero que los secundaron en tan adversas
circunstancias.
Todos ellos, mi teniente, guardias civiles, que vestían nuestro
mismo uniforme y se tocaban con nuestro mismo sombrero. Y todos
ellos, guardias civiles al servicio de la República Española.
Cuando "toque", mi teniente, puede evocar su figura y su actuación
ejemplar en la revista del Cuerpo, para que esta actuación sirva de
guía y ejemplo a aquellos que hoy ocupamos sus puestos en el
escalafón y a todas las generaciones de futuros guardias civiles,
pero en esta ocasión, mi teniente, yo creo que "tocaba" hablar, o
siquiera citar, los del Santuario.
Por todo ello, adjunto a la presente, a la cual pretendo darle la
difusión que se merece entre los amigos y compañeros que considere
acreedores a ello y para intentar paliar, en la medida de lo posible
las, en mi modesta opinión, carencias de su artículo, inserto varias
fotografías de una visita reciente al Santuario de la Virgen de la
Cabeza que bien pudieran haber servido, al menos alguna de ellas,
para ser publicadas en lugar de las que, más que ilustrar, tan sólo
amenizan su reportaje.
Y nada más. Le ruego perdone el atrevimiento por haber tenido la
osadía de dirigirme a usted utilizando el expeditivo método de la
"carta abierta" y tan sólo le pido que considere la presente como lo
que es, una simple crítica de un ex lector, a la cual, cualquier
"profesional" del periodismo puede verse expuesto en su labor
informativa.
Por último, y para dar término a la presente,
reciba usted, mi teniente, un respetuoso saludo de este su
subordinado que, como no podría ser de otra manera, queda siempre a
sus órdenes.
Fdo. J. Manuel Álvarez. Cabo 1º de la Guardia Civil.
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