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Actualizada: 30 de Julio de 2.010.  

 
 
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 Setenta y cuatro Aniversario del 18 de Julio de 1936


   Por Dr. Manuel Clemente Cera.


Cuando nos disponemos a conmemorar el setenta y cuatro aniversario del Alzamiento Nacional del 18 de julio, estamos atravesando unas circunstancias sociales, políticas y religiosas muy similares a las que motivaron el levantamiento cívico-militar, agotadas humanamente todas las posibilidades de evitar la tragedia. Por ello, el jefe de la CEDA, José Mª Gil Robles, escribió su interesante libro “No fue posible la paz”, cuya vida salvó milagrosamente al no encontrarse en su domicilio cuando fueron a detenerle. No tuvo la misma suerte el jefe del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo –una de las mentes más lúcidas de la centuria, dotado de una valentía infrecuente en el resto de los mortales– que fue alevosamente asesinado tras la detención en su casa la madrugada del 13 de julio, minutos después de subir a la camioneta de los Guardias de Asalto, de un tiro en la nuca, vandálico crimen de Estado.

En los últimos años del caudillaje de Francisco Franco, afecto de una enfermedad neurológica degenerativa, complicada con problemas digestivos y cardio- circulatorios que le llevaron a la tumba, nadie sensato, honesto y trabajador pensaba ni deseaba un cambio y mucho menos tan drástico y copernicano como el actual.

La inmensa mayoría del pueblo español gozaba de una paz y armonía celestiales, trabajando con esfuerzo, dedicación y seriedad, cuyos deseos prioritarios consistían  en la superación y el progreso personal ajeno a los entresijos de la política.

Únicamente, los eternos resentidos fracasados por su inepcia y los habituales vividores de la política, soñaban con la ruptura disfrazada de cambio. La reforma se hizo a través de elementos propios del Sistema por deslealtad encubierta, prestándose arteramente al trabajo innoble en busca de prebendas, engañando y desorientando al pueblo leal abusando de su nobleza, con graves falacias para desintegrar astutamente al Régimen que habían servido y jurado defender.

En muy poco tiempo, como si se tratara de un plan sagazmente preconcebido, fueron socavando los pilares que sustentaban al régimen autoritario, firmemente consolidado, fruto de cuatro décadas de laboriosidad, austeridad y prosperidad, que elevaron a España a la novena potencia económica mundial, para reconvertirla como en tiempos pretéritos, en el paraíso de la demagogia política de carácter endémico que obstaculizó y dificultó el progreso y el desarrollo nacional.

Desde la revolución de 1868, la Primera República, la pérdida de las colonias de ultramar en la guerra de Cuba, la Restauración Borbónica y la lamentable guerra de Marruecos, fueron sucediéndose durante más de media centuria una pléyade de gobiernos débiles e ineficaces por falta de competencia, que dificultaron y obstruyeron la evolución social y el crecimiento económico, quedando nuestra patria completamente estancada en el concierto internacional, cuando habíamos sido la nación más potente a escala mundial durante el reinado de los Austrias. Exceptuando el breve, pero brillante paréntesis, de prosperidad, progreso y grandeza de la anhelada dictadura de Miguel Primo de Rivera, que cambió la faz de España en siete años con el beneplácito y entusiasmo de los españoles. Un indudable y positivo presagio del Estado Nacional que surgió del 18 de julio. El inmerecido declive de la autocracia tras el borboneo del General, desembocó un año después, en la proclamación de la Segunda República de índole revolucionaria –absurdamente reivindicada por el ejecutivo actual– que desencadenó el estallido de la guerra civil, cuyo inicio hoy evocamos.

 

 


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