Cobardes y suicidas


Por Jesús Flores Thies. Coronel de Artillería-retirado, 20/04/2010.


En España se ha producido un fenómeno, impensable cuando se inició la “Transición Democrática”. Bueno, impensable para el pueblo, al parecer ya soberano, pero no para quienes desde entonces nos preparaban este final de fiesta. Nos referimos a la desaparición en toda la prensa, ya sea local o nacional (permítasenos este calificativo dicho sin intención), de nada ni de nadie que escribiera o saliera en defensa, ni siquiera parcial, del Alzamiento Nacional, de Franco o de cualquier persona, animal o cosa que tuviera que ver con él o con su régimen.

Hemos dicho la prensa, pero ampliamos el abanico para incluir radio y televisión. Y no importa el matiz, partido o secta política a la que pertenezca el medio periodístico, porque la pugna por decir más barbaridades contra los vencedores en la guerra civil se amplía también al querer enlazar esta especie de Monarquía-Republicana con el fenecido “Frente Popular” al que, unos y otros, derechos e izquierdos, denominan sin rubor “Régimen legalmente constituido”, es decir, con cheque en blanco para poder destruir España “dentro de la legalidad”.

Para ahorrar esfuerzos, han tomado, unos y otros, a Franco como el núcleo, el centro y el objetivo de los odios de la izquierda y de la desvergüenza de la derecha. Y ahora, el término “franquista”, ahorra tener que pensar, que es actividad que da dolor de cabeza a toda esa fauna mediático-política, porque si pensaran un poco se darían cuenta de los malos pasos que se están dando para borrar la Historia o emputecerla, pasos que llevarán, si Dios no lo remedia, a una definitiva “dos Españas” cuando no, a su desaparición como entidad, incluso geográfica, que nosotros habíamos conocido.

Pero alguien se preguntará: ¿las dos Españas? Aquí sólo  se ve a  una, la que nos muestran las Cortes, unánimemente antifranquistas, o los “medios”, que son “antifranquistas” sin fisuras. Posiblemente haya otra especie de España marginada, nostálgica, fascista residual, casposa…, en sus bunkers o covachuelas, que a veces surgen por Internet o en publicaciones casi de Hoja Parroquial. Y al “facha” se le representa como un señorón con cara de mala leche, bigotillo, gafas oscuras y saludando brazo en alto mientras pega puntapiés a un mendigo negro. También ”sabemos” que hay unos jovenzuelos malencarados, racistas, xenófobos y homófobos (¿serán también homófobos los que rechazan a los pederastas?), que llevan banderas anticonstitucionales, organizan alguna zapatiesta de poca entidad y cantan el “Cara al sol” en cuanto se les deja solos.

La increíblemente cobarde y suicida derecha política se ha puesto a caminar detrás del burro “progresista”, pretendiendo entrar en terrenos que son de los otros y donde no hacen más que el ridículo. De ahí esa estúpida cobardía de modificar las siglas del PP, añadiéndole una letra autonómica, vagón de cola que no engaña a nadie. Pero como siempre ha sido la derecha quien mejor ha legislado en el siglo XX, la derecha es hoy día la esperanza de muchos para que los desastres económicos y sociales de la izquierda se detengan de una vez. No olvidemos que fueron tres gobiernos, vamos a denominar de derechas, los que mejor han legislado a favor del obrero y de las clases medias: Dato, el general Primo de Rivera y Francisco Franco. Como decía Churchill, “los socialistas son sólo capaces de repartir la miseria”, bien entendido, que menos para sus dirigentes políticos y sindicales.

Sin embargo, debajo de esa fachada, de esa máscara de Augusto de Circo, una gran parte de la población española, sin representación moral (muchos votan al PP como mal menor), gentes en muchos casos de gran prestigio profesional y cultural…, sin espacio en la prensa, radio o televisión, a quienes jamás se les invita a un debate serio, piensa como nosotros. Somos veteranos con cierta cultura adquirida en nuestra profesión y a lo largo de los años, que nos movemos a veces en ambientes de indudable nivel cultural: que conocemos la forma de pensar de muchos que son como nosotros; que no llevamos bigotillo fascista ni gafas oscuras ni tenemos cara de mala leche… Cuando en alguna ocasión, casi por azar, nos han llamado a participar en alguna tertulia mediática de tipo político, al ver el peligro que representaba para ellos la intervención de alguien que utiliza la cabeza para pensar, y no para dar cornadas, que razona, que tiene memoria, que tiene archivo, que “sabe manera”…, inmediatamente es arrojado a las tinieblas exteriores. Entra en una especie de lista negra, y jamás volverá a ser convocado para algo similar. Personalmente nos ha pasado cuando, al solicitar una Cadena de Televisión catalana algún socio de la Fundación Francisco Franco para un programa, ya se sabe, “antifranquista”, al dar nuestros nombres, ellos dijeron: “no, esos no”. 

Y la cobarde derecha se une a la condena al “franquismo” con una impudicia repugnante. Sería el antipático y ególatra Aznar, falangista integrista de joven, y de familia “franquista” hasta el tuétano, quien condenaría en las Cortes el régimen de Franco y, como posiblemente nunca había leído a Azaña, se declara “azañista”. Ha dado su fruto la dura vigilancia que durante algún tiempo mantuvieron los capos del PP para que a nadie del partido se le ocurriera la menor frase de elogio, no ya a Franco, sino al mismo 18 de julio. Entre sus filas estuvo, hasta su muerte, Rogelio Baón, que escribió un libro titulado “La cara humana de un Caudillo”, libro que un día mostraron con alborozo en las Cortes los pendejos del PSOE, sin que ninguno del PP echara una mano al amigo, al compañero de escaño. Cobardes hasta la extenuación. Muchos políticos del PP consideran que esta condena total, esta prohibición de mostrar simpatía por un régimen que tanto favoreció a España y, por supuesto, a sus familias de la derecha, les humilla, pero acobardados, callan y dejan hacer. Hace años, una Secretaria o Subsecretaria en un gobierno del PP, vino a decir que había que reconocer que el régimen de Franco hizo algo bueno en el campo de la Seguridad Social. Iinmediatamente, el antipático y ególatra la puso firmes.

Existe un grupo de periodistas, feroces enemigos del gobierno, que apoyan al PP. Ahí están Pedro J. Ramírez, Carlos Dávila, Jiménez Losantos, Ussía, César Vidal, Pío Moa, Nacho Villa, Ramón Pi, Alfonso Arteseros…, profesionales de peso y con gran influencia en la sociedad, que fastidia a los otros, a las tribus que apoyan al gobierno del PSOE, entre otras razones por los beneficios que de él obtienen. Salvo Pío Moa, que se ha convertido en la bestia negra de la izquierda, quienes, con un simulado desprecio, tratan de ocultar el miedo que tienen a un diálogo abierto con él. Los demás, sin excepción, son descarados y declarados antifranquistas, y jamás se atreverán a decir que el alzamiento del 18 de julio salvó a una España en trance de desaparición, al alzarse esa España que no quería morir, contra un Frente Popular que nos abocaba a la revolución marxista.

Otros, como Arteseros, algo templagaitas, que es capaz de sacar un programa sobre Paracuellos, considera sin embargo a Carrillo culpable, no de haber programado el genocidio, sino de haberse hecho el distraído. Dávila se atreve a entrevistar a Pío Moa, al que trata correctamente, pero de una forma algo antipática, como si el entrevistado fuera un “franquista” residual al que hay que poner en su sitio. Ni que decir tiene, Pío Moa salió del trance con paso de vencedor. Ussía es un periodista de excepción, pero el odio a Franco, que no dejó reinar a su amado don Juan, le pone un corsé que a veces le impide moverse. Losantos, es otro odiador consumado del régimen de Franco, un soberbio que desprecia al gremio militar sin disimulo alguno. Vidal es un fustigador del sistema al que se le odia casi tanto como a Pío Moa, pero en lo que se refiere a la guerra civil, se encuentra en la astuta mitad, ni unos ni otros y, por supuesto, jamás reconocerá que el Alzamiento fue necesario. De Pedro J. Ramírez, preferimos no decir nada por si hay niños delante.

El anterior director de La Razón, uno de los periódicos más influyentes en la derecha, dijo en una tertulia televisada que un caso de guerra justa sería la que debieron haber declarado los norteamericanos a España después de la derrota de Alemania, para liberarnos de Franco. Una vez dicha tamaña bellaquería (él no había nacido en esa fecha y nos dejó el “marrón” a los que entonces vivíamos), se quedó tan fresco. Y Nacho Villa, el heredero de la decadente COPE, en una entrevista a Cándido Méndez, el de la UGT, hizo unos comentarios que más parecían los de un periodista radical de la izquierda más resentida

¿Podemos decir dos palabras del Ejército?: si un militar en activo, se atreviera a decir públicamente sólo esto: "el glorioso Movimiento Nacional", se le acababa la actividad de forma fulminante, más claro: el fin de su carrera profesional. Parece una exageración ¿verdad? Pues que alguien haga la prueba ¿Y qué podemos decir de la Iglesia Española (la Jerárquica)? ¿Cuándo fue la última vez que reconoció y agradeció  públicamente el enorme esfuerzo del régimen de Franco para devolverles sus bienes o reconstruirles lo que el odio “legal” les arrasó? 

Cuando el PP gobernaba, y era dueña de la televisión estatal, nunca, jamás, ni por error, hizo programas sobre los crímenes del Frente Popular, antes y en la guerra civil, nada sobre Paracuellos, las checas, el expolio del Patrimonio, la persecución religiosa…

La cobarde derecha, miserable y suicida, se apoya en gran parte de esos españoles sin sitio político en las Cortes, pero que les vota para que no gobierne el PSOE. Si un día, las mentes de esos votantes vergonzantes se aclararan, y retiraran su voto a los cobardes y suicidas, el hundimiento del PP sería peor que el terremoto de Haití.


 

Artículo de opinión extraído de la página: www.generalisimofranco.com