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LIBRO FIRMAS

SUGERENCIAS

 

Discursos y mensajes del Jefe del Estado, 1955.


 
Discurso en el acto de clausura del I Congreso Iberoamericano de municipios.

19 de junio de 1955.

Señoras y señores:

Solamente unas palabras antes de clausurar este Congreso para expresaros todo el sentir de nuestra Nación, el afecto tan grande y la ilusión con que os recibe esta España inmortal.

Habéis tenido unas jornadas de estudio y de trabajos para examinar los grandes problemas que las concentraciones humanas producen en todas las naciones; problemas universales que encierran una técnica y que requieren unos remedios que a todos alcanzan. Ese cambio de impresiones, de contraste de pareceres, de frutos de las inteligencias, puede aportar extraordinarios beneficios a las Asociaciones municipales.

Pero, por encima de todos estos problemas, destaca aquí una cosa mayor que es la realidad viva de la comunidad de los pueblos hispanos. Esta realidad que nos une en nuestra lengua, que sentimos en nuestro espíritu, que comprobamos y vive cuando tocamos cualquiera de los problemas que con la vida se relacionan, que, vanos y particulares en la forma, somos unos en el espíritu y en el destino. Esta realidad alcanza a las Corporaciones municipales y se nos impone en la vida de relación.

Habéis tratado técnica y administrativamente los problemas acuciantes de la vida municipal; pero por encima de ellos existe una realidad, que es la política. El Ayuntamiento es la primera Asociación política, la concreción primaria de una política. Nosotros hemos venido padeciendo, en nuestros años de decadencia, el apartamiento de los hombres mejores de las tareas municipales; podríamos decir que se sentía un asco por la política. Se llegaba a decir: «buena administración y nada de política», como si la buena administración no fuera una norma política.

Por eso no puede haber buena política en un Estado desconociendo la realidad política del Municipio; ese punto de conjunción del hombre con la sociedad, en el que se han de lograr sus más inmediatas aspiraciones. Los municipios son la realidad más viva de la política, la que más directamente interesa, su más clara expresión. Si la política de la Nación es una ficción, los Municipios serán una ficción también al no satisfacer los anhelos de los individuos, del servicio a la comunidad. Toda la vida de nuestra hora está impregnada de ansias sociales, de afanes de justicia y, por lo tanto, no puede existir una buena política municipal, una perfecta administración que no responda a estas realidades, que no se levante sobre una base social, sirviendo al interés común, a los anhelos de todos, haciendo más perfecta la vida municipal y no divorciándola de las realidades del país, de esa convivencia de las familias, de los anhelos de todas las entidades donde el hombre naturalmente se asocia.

Nosotros hemos hecho una revolución política, revolución que no aspiramos a esparcir ni exportar; es una revolución propia, una revolución a que nos empujaron nuestras realidades nacionales, y que ha logrado en mucho el que no se tenga asco por la política. Y por eso hemos construido nuestros Municipios no sobre aquélla política inorgánica tan de moda en el mundo en el siglo XIX, sino sobre la realidad viva de la familia y donde nace la primera asociación, el centro o rama en que se trabaja, representada por el Sindicato. Familias y Sindicatos son los nervios de nuestra política, y en estas realidades vivas que son la familia y el trabajo, se asientan y fortalecen nuestros actuales Ayuntamientos. Y así desaparece para siempre el divorcio de la «guerra fría» dentro de los Municipios y vienen a ser las piedras básicas sobre las que se construye nuestra política. El ejemplo de sus frutos lo encontramos si miramos a los 9.200 Ayuntamientos que componen la Nación y observamos la obra realizada durante ciento cincuenta años y la obra que hemos acometido en estos quince; vemos entonces la inmensa diferencia existente, contemplando el resurgir de los pueblos, cómo se realizan los anhelos de siglos y cómo nacen nuevas ilusiones entre cantos de paz y de esperanza.

Esta es, repito, la realidad de nuestra política y ésta es la base de toda obra municipal: servir al interés general, servir fielmente a las familias, y no el afán de incrementar impuestos que la mayoría de las veces, por ser indirectos, cargan sobre las masas más modestas de la población. Hemos de buscar que los impuestos sean justos siempre, para que la justicia se realice y para que el bienestar y la paz entre los hombres sea una realidad.

Y poco más os puedo decir después de ese gran poema, de esas palabras tan bellas y sentidas pronunciadas en nombre de los Ayuntamientos hispano-americanos por Eduardo Carranza, sobre la realidad de nuestra época y de los pueblos hispánicos.

Si atendiendo a estas realidades nos asociamos como corresponde hoy en la vida de comunidad de las naciones en nuestras asociaciones naturales, la Hispanidad tendrá una realidad, hispanidad que no es exclusiva, que incluye a Portugal, porque, como cantó Camoens, ambas son como vosotros, naciones hispánicas.


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