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LIBRO FIRMAS

SUGERENCIAS

 

Discursos y mensajes del Jefe del Estado, 1957.


 
Discurso pronunciado en la Siderúrgica de Avilés.

25 de septiembre de 1957.

Señoras y señores:

Sólo unas palabras, porque no quiero cansaros, para subrayar las que el presidente del I. N. I. nos ha dirigido sobre la justificación que tiene esta gran factoría, cuyo primer horno hemos encendido en el día de hoy.

Para los técnicos que aquí os reunís es cosa sabida lo que representan y lo que entrañan todas estas construcciones. Los demás ignoran el camino recorrido desde aquellos días en que rescatando tierras a las marismas y a los fangales hasta los ininterrumpidos trabajos técnicos y de cimentaciones que hubo que desarrollar para poder dar cima a estas obras y a este horno gigantesco que hubo de levantarse sobre pilotes para poder resistir los grandes pesos y las grandes vibraciones. La obra, en sí grandiosa, es desde el punto de vista político trascendental y revolucionaria. Trascendental, por lo que significa la siderurgia en nuestra obra de industrialización; revolucionaria, porque rompiendo con los viejos moldes nos pone a la altura de las otras naciones europeas.

Esto quiere decir que aquel espíritu de nuestro Movimiento, de no conformarnos con la decadencia y la mediocridad y la aspiración legítima de dar a nuestros hombres una vida y un bienestar como podía tener cualquier europeo, se encuentra en camino de realizarse.

Yo justifico y comprendo que bajo la realidad política en que se ha desenvuelto la vida de España durante cincuenta años tuvieran naturalmente que existir todos los abandonos, los pesimismos y la falta de fe de las generaciones que los sufrieron. Cuántas veces vimos sucumbir ideales y afanes de tantos empresarios españoles ante la inestabilidad de la línea política del país, paralizado por las luchas intestinas a que el sistema nos arrastraba; cuántas empresas paralizándose se comieron a sí mismas y perecieron sus capitales porque el espíritu del país por su estado político no permitía el desarrollo de ningún plan ni de ninguna ilusión. Esta es la Revolución nuestra: establecer una continuidad y demostrar a los españoles dónde está el camino de su grandeza. Y todo esto que se inició en 1939 con nuestra victoria, está en marcha, como veis, en marcha esplendorosa.

Esto no podrá ser jamás obra de una generación de pesimistas, sino de optimistas. Todo esto no cabía en la cabeza de las generaciones que nos precedieron: todo esto requiere fe e ideales para definirlo y tenacidad y entusiasmo para emprenderlo. Si pensamos y obramos así, nos pasará como a Suanzes, que todo esto resultará pequeño para nuestros afanes.

Si aspiramos a una España mejor, no se puede hacer conformándonos con continuar siendo uno de los países de nivel de vida más bajo entre los de Europa; máxime si nuestros hombres demuestran en tantos campos que están a la altura de los de cualquier país. Tenemos ingenio, tenemos brazos, tenemos fortaleza, y si nosotros nos mantenemos en unidad y disciplina y no desertamos de estos afanes, nos serán pequeñas todas estas instalaciones y todos los sacrificios para el logro de la España mejor.

No creo que a estas alturas piense ya nadie en España que podamos quitarnos de encima los problemas que este resurgimiento entraña a costa del estómago de las clases más numerosas, ya que todo ideario político, que persigue el bien común, ha de hacerse sacrificando lo particular a lo general; pero en este caso no ha sido sacrificado nadie. ¿Qué sacrificio representó nuestra obra para el particular, el propietario, el empresario o cualesquiera persona emprendedora después del Movimiento? ¿Cómo estaban las industrias españolas y cómo están hoy? ¿Quiénes han sido los perjudicados y quiénes los beneficiados? Si precisamente algo se nos impugna en los beneficios que determinadas clases recibieron y los sacrificios que para otras representó, la clase media sobre todo; pero es que a la clase media también le ofrecemos perspectivas inigualadas. ¿Es que no es la clase media la que va a ocupar los distintos puestos de la escala productora en todas estas grandes factorías y en todas las empresas y empeños que estamos realizando hoy en la Nación? España está despierta lo mismo en las cosas más modestas que en las más importantes y trascendentes. España se está transformando. No podemos por ello temer al futuro: el futuro está en nuestra unidad, en nuestra disciplina, en nuestra fe, en creer y ser optimistas, y así nos haremos dignos de las generaciones que nos sigan. Que digan los pesimistas que nuestra obra es una locura, que nos llamen, como a éste (señalando al Sr. Suanzes), Julio Verne. ¡Qué importa, si España se transforma! ¡Bendita la locura que crea riquezas y las reparte, que crea ideales, levanta factorías como la que contempláis y echa los cimientos de nuestra futura exportación!

Los españoles de una situación reducida y raquítica tuvieron como un ideal el de la autarquía, el de llegar a bastamos a nosotros mismos, y se asustan muchas veces ante los excesos de producción. Yo digo que ésa ha quedado muy atrás. Hoy se vive en sociedades de pueblos y naciones; nosotros hemos de salir a pelear y luchar en el mercado común, hemos de salir con nuestros productos al extranjero y hemos de hacer, como otras naciones que edifican la economía exterior sobre el trabajo de sus brazos y el ingenio de sus hombres. En este camino todavía estamos en los primeros pasos y ya comenzamos a exportar al mundo: mañana exportaremos lingotes y pasado otros productos laminados. Mucho es el camino que tenemos que recorrer, y para ello es necesario que sin recelos nos unamos todos, lo mismo la empresa estatal que la particular, que estudiemos alrededor de una mesa y busquemos las mejores soluciones a los problemas, como sucedió con esta obra que un día incomprendida es hoy orgullo y satisfacción de todos, lo mismo para los que pusieron sus afanes e inquietudes en ella, a los que de todo corazón felicito, que a los que un día recelosos la reconocen hoy como una de las bases más firmes de nuestro futuro. En fin: que esta obra que hoy inauguramos demuestra que a España le sobran ingenio, inteligencia y voluntad para su grandes empresas.

¡Arriba España!


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