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Declaraciones a la Prensa.


 
Declaraciones publicadas en la prensa americana.

13 de febrero de 1951.

Todos los periódicos de la cadena Hearst publican las siguientes declaraciones hechas por Su Excelencia el Jefe del Estado español Generalísimo Franco, al periodista norteamericano Karl von Wiegand:

«En España no hay derrotismo», me ha declarado el Generalísimo Franco en una entrevista de cincuenta minutos.

La cuestión de la «voluntad para resistir» una agresión o un ataque es algo que ni. existe ni se produce en España. El español ha luchado siempre por su Patria, por su soberanía e independencia y por su religión y cultura, y nuevamente lo harta si surgiera la necesidad», dijo el Caudillo que ha eliminado el comunismo en su país como no lo ha hecho ningún otro Gobierno en Europa. Por ello, Gran Bretaña, Francia, América y el resto de las Naciones Unidas, que alegan estar luchando contra el comunismo, declararon a España durante casi cinco años un boicot diplomático. Al suprimir éste ahora han declarado su derrota.

Una nación cuyo pueblo no tiene «voluntad para resistir» la agresión y que carece de espíritu combativo para defender su soberanía, independencia y libertad frente a los ataques de fuera o de dentro, es una nación en declive. España no figura en esta Categoría», afirmó el Generalísimo Franco. Al tratar de la situación mundial en general y de la de Europa en particular, el Caudillo expresó así su opinión: «La guerra no es inminente, pero están todavía muy lejanas la paz y la solución de los confusos y complicados problemas surgidos al terminar la última guerra, y que son consecuencia, en gran parte, de los errores en las directrices estatales y en la política de los vencedores».

«España y Portugal -continúa el periodista- son los dos únicos países de Europa que no tienen planteado el problema del comunismo. Por medio del boicot diplomático y la presión económica los Gobiernos norteamericano, ingles y francés y las Naciones Unidas se esforzaron en inspirar la revolución en España. Fracasaron. Ha sido uno de esos «errores de directrices estatales y de política» que se han mostrado claramente en la historia de los Gobiernos de Washington, Londres y París y de las Naciones Unidas en los cinco años pasados».

El orgullo de los españoles -prosigue Karl van Wiegand- no permite que haya interferencias de Gobiernos extranjeros en los asuntos internos de España. La austeridad económica no debilita el orgullo español ni su espíritu de independencia. Hace ya ciento cuarenta años, Napoleón fracasó cuando intentó quebrar este espíritu con una guerra de invasión.

«Los Estados Unidos -dijo el Generalísimo- son incomparablemente más fuertes que los rusos en armamentos modernos, organización, grandes recursos, y en la inteligencia de sus generales y mandos. Los rusos no se arriesgarán a tomar la iniciativa en el desencadenamiento de la guerra, y sin recurrir a ésta tratarán de lograr todo lo que puedan.» «La única superioridad de Rusia está en su potencial humano; pero esto lo han contrarrestado con creces los Estados Unidos con aquellos adelantos que conducen a la victoria. Rusia es débil en lo que son fuertes los Estados Unidos: en el mar y en el aire.»

Franco siente admiración por Norteamérica, por su grandeza, poderío, talento organizador, progreso y predominio en el terreno industrial.

Tuve la impresión -dice el periodista- de que el Jefe del Estado español no mostró entusiasmo por una invitación a España a unirse al Pacto del Atlántico. «Menos complicado, mucho mejor y más satisfactorio seria un arreglo directo de colaboración con Norteamérica», hizo observar el Caudillo.

Las numerosas conferencias y reuniones que se han celebrado con motivo del Pacto Atlántico evidencian lo lenta y complicada que resulta la constitución una coalición semejante, debido a la gran diversidad de criterios, en lo político y en lo militar.

Franco expresó su creencia de que Rusia había provocado «la intervención estadounidense al llevar a Norteamérica, deliberadamente, a Corea. El objetivo Rusia -dijo el Generalísimo- es dividir y fijar a las fuerzas combatientes norteamericanas en Corea y acaso en otros puntos, debilitar a los Estados Unidos en hombres, material y dinero, y todo ello sin que la propia Rusia comunista pierda ni un solo hombre.» El Jefe del Estado español piensa que Norteamérica será sobradamente inteligente para no dejarse provocar a una guerra con China. El objetivo de la política norteamericana en Asia, opina el Caudillo, debe ser el «separar a China de Rusia». Ello requerirá tiempo, paciencia y sagacidad en los estadistas. El dejarse arrastrar a una guerra con China sólo serviría para unir más a China y Rusia.

Tocamos luego la cuestión del Japón. Franco dijo: «Norteamérica fué quien ganó la guerra del Pacifico. Su generosidad permitió que otras potencias que relativamente habían contribuido poco a la victoria sobre el Japón participasen en el tratado de paz. Quien tiene que decir la palabra decisiva en ese tratado es Norteamérica.»

El Jefe del Estado español dudó mucho de que el tratado de paz diera como resultado una alianza entre el Japón y los Estados Unidos. «Los Estados Unidos han destruido el Imperio japonés, le han quitado muchas islas, le han infligido la humillación de una derrota aplastante, le han desarmado y desmilitarizado, han hundido su flota de guerra, han destruido su flota mercante y han desmantelado sus industrias. No esperen que los japoneses los quieran en el fondo de su corazón, por mucho que los saluden y los sonrían a ustedes. Ello seria contrario a la naturaleza humana.»

«El Japón es Asia -añadió-, y los japoneses son asiáticos. No se puede cambiar ni su situación geográfica en el mapa ni su raza, y claro es que las dos gravitan hacia el continente asiático, del cual son parte geográfica y racialmente.»

El Generalísimo añadió que la posición estratégica de España y su vital importancia en el aspecto de la defensa de Europa occidental eran de tal evidencia para cualquier estratega u hombre de Estado inteligente, que no era preciso que él subrayara aquellos factores.

Franco estima que los Estados Unidos han cometido errores psicológicos con respecto a Alemania en los cinco años transcurridos desde la capitulación de aquel país, «errores -dijo- que hoy se levantan como barreras que impiden esa cooperación de Alemania en la defensa de Europa occidental, ahora solicitada por los Estados Unidos». «Se sometió a los alemanes a humillaciones innecesarias, especialmente en los primeros años de ocupación, y eso ha calado profunda Y amargamente en el alma alemana y no ha contribuí do ciertamente ni a la seguridad de las fuerzas de ocupación ni a la de una Europa Occidental en el futuro.»

El General Franco, dice el periodista, parece estar bien informado de la situación en Alemania, del estado de ánimo de los alemanes y de su poca disposición para constituir, a petición de sus conquistadores, un ejército que participase en la defensa de Occidente. «La restauración de la soberanía e independencia alemanas -añadió- y la equiparación de Alemania con otras naciones restablecerían, en cambio, su propio respeto y el espíritu combativo al dar al país algo que defender.»

Volviendo al tema de la tensión existente entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, Franco subrayó que, en caso de guerra, Rusia tiene una ventaja sobre Norteamérica. «Rusia -agregó el Generalísimo- «manda» sobre sus aliados satélites, mientras que los Estados Unidos dependen de conferencias, reuniones y discusiones con los primeros ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa y jefes de Estados Mayores de una complicada coalición formada por una docena da aliados, entre los cuales puede haber algunos que, impulsados por una reflexión de última hora, se dejen influir entonces por el «imperativo de supervivencia».

«¿No está corriendo su país el riesgo de financiar la «neutralidad armada» de algunos de los países que consideran como aliados en caso de guerra?», me pregunta el Jefe del Estado


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