La extrema izquierda actúa como animales salvajes

 

Los radicales de extrema izquierda, el día 23 de Octubre actuaron, en contra totalmente de la Democracia, de la que tanto hablan y supuestamente defienden. Al convocar una Manifestación, sin ningún tipo de permiso y actuaron como animales salvajes sin ley ni orden. 

Todo esto para sabotear la Manifestación legal y autorizada convocada por Falange Española. Así actúa esta clase de gentuza, todo el que no piense como ellos no tiene derecho a vivir, ni a manifestarse libremente, porque ellos sólo creen en un régimen dictatorial, como el Cubano o el Venezolano, que tanto añoran.


Aquí trascribimos la noticia que el periódico ABC describe:

«La esquizofrenia juvenil, disfrazada con la única ideología de la violencia, convirtió anoche gran parte del centro de la capital en un verdadero campo de batalla. La mala copia a la madrileña de la «revuelta anticapitalista» de Los Ángeles en 1992 se saldó con, al menos, 24 detenidos —tres de ellos, menores— y dos heridos leves: un Policía y una mujer mayor que presentaba contusiones leves en la nariz.

Un penetrante olor a quemado era el rastro que iban dejando a su paso los alrededor de 200 jóvenes de extrema izquierda —conocidos en su representación más fanática como «red-skin»— que quemaron y destrozaron todo aquello que se encontraron a su paso.

La «excusa» era perfecta: una manifestación —autorizada— de la Falange Española contra la inmigración en la calle de Ferraz —donde se encuentra la sede central del PSOE— provocó la ira de los extremistas de izquierdas, que no dudaron en organizarse ilícitamente en grupos para hacerse notar. Y vaya si lo hicieron.

Nueve menos cuarto de la noche en plena Gran Vía. El enjambre del sábado noche, sobre todo, a las puertas de los cines y teatros de esa gran arteria, va a ver sesgada su rutina de cuajo. El tráfico es denso, pero se respira tranquilidad. Sin embargo, la marabunta ruge San Bernardo abajo. Se oyen gritos, y comienzan la espantada. El nerviosismo y las carreras —«¿Qué es lo que pasa?»— hacen pensar lo peor, y la idea inicial de un ataque terrorista está en la cabeza de muchos. Decenas de personas se cobijan donde pueden: el cercano establecimiento Vips y los cines Capitol se convierten en el refugio de puñados de gentes angustiadas, por lo que tienen que cerrar sus puertas ante el riesgo de que los radicales la emprendan contra la ciudadanía. «Estos tienen que ser los hinchas por el partido entre el Valencia y el Real Madrid», comenta entrecortadamente un señor mayor, al que aún le falta el aire después de su maratoniana huida. Pronto se dará cuenta de su error.

Grupos de jóvenes rapados, con la esvástica encerrada en una señal de prohibido el paso y cadenas colgando de sus chaquetas, trotan en tropel por plena Gran Vía. No atacan, al menos, no aparentemente, a ninguno de los aturdidos transeúntes, que han empezado a salir de los improvisados «búnkeres», pero la emprenden contra las balizas de protección que rodean las obras del Metro del centro de la calzada. Muestran su particular habilidad en correr y derribar cada una de las vallas a su paso como si de las piezas de un tablero de ajedrez se tratasen. Caos.

Suena un disparo. Se trata de las pelotas de goma de los antidisturbios de la Policía Nacional, que lanzan al aire para reprimir la celada. Porque se encuentran estratégicamente diseminados por varias zonas del centro, desde la plaza de España a Tribunal.

En Callao, las primeras detenciones. Varias «lecheras» policiales, en medio de la incredulidad de centenares de curiosos, se apostan en la plaza, cascos y armas antidisturbios en ristre, los agentes vigilan y esperan instrucciones. En el otro extremo de la avenida, en la plaza de los Mostenses, de nuevo, olor a quemado. Un grupo violento, pero eso sí, con el rostro cubierto con pasamontañas, incendia los escombros de una obra aneja y la emprenden a pedradas contra vidrieras de comercios.

Esto no es Mayo del 68. Ni falta que hace. Cerca de allí, al ver que la los funcionarios del orden les pisan los talones, vuelcan un cajón de obras repleto de material en plena calle de los Reyes. No contentos con ello, y mientras la multitud de clientes de los bares de la vía se parapetan detrás de las puertas para contemplar la salvajada, incendian contenedores de basura y destrozan la luna de un coche caro. Se entiende que de «un capitalista». Un reguero de papeles quemados termina de rubricar la «hazaña».

Estamos ahora en la plaza de Luna, tomada por la Policía. El laberinto de calles les hace dudar de por cual proseguir la búsqueda. «¡Utilizan la violencia... ¡Y son antisistema!», ironiza uno de los agentes. Han huido por la zona de la calle de la Ballesta. Quienes la vigilan las 24 horas del día, las prostitutas, se convierten en las mejores «cicerones». «Se han ido calle abajo».

Llegados a la zona de Tribunal, la Policía sofoca un conato de nueva algarada. Allí no hay barricadas incendiarias como las que han montado por San Bernardo, pero los chavales —porque la mayoría son menores de edad— «chulean» a los agentes y se permiten la licencia de escupir desde la barandilla de la boca del Metro a todo aquel o aquella que viste de manera «pija». «Pelo-power, guapa, has acabado con todos los secadores de tu casa», se mofa una adolescente de un chico, mientras le escupe en la cara.

Poco a poco, las aguas se apaciguan. Un grupo se va en Metro, mientras el resto posa en la boca del suburbano para inmortalizar con una cámara su «gran noche». Querían una foto. Y la tuvieron.»

ABC. 24 de Octubre de 2.004.-


© Generalísimo Francisco Franco. 26 de Octubre de 2.004.-


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