ONÉSIMO

 

Por José Gabriel

El 16 de Febrero se cumplió el centenario del nacimiento de Onésimo Redondo. Los que esto leéis conocéis de sobra su vida y escritos, no trato por lo tanto de hacer un artículo repleto de citas y adjetivos apologéticos, tan solo resaltar algunos aspectos de su personalidad que considero modelos actuales a imitar.

Onésimo destacaba por su fe en los hombres, primer aspecto del que al menos yo tengo todo que aprender. Era un hombre que conocía los más íntimos resortes del pueblo, no en vano, nació en la Castilla rural. No tenía grandes pretensiones intelectuales y rehuía de grandes interpretaciones filosóficas, en este campo no puede compararse con Ramiro Ledesma.

Esta sencillez, esta inteligencia que por serlo no se adorna, le hacían más cercano al pueblo que le escuchaba, este podía sentirse referenciado por aquel hombre que compartía, ya que le eran propias, todas sus preocupaciones. Tenía a mi modo de ver algo muy difícil de encontrar en un político y más en un líder: equilibrio, el Caudillo de Castilla sabía mandar y obedecer, no eludía sus responsabilidades ni talentos, él se sabía admirado y ejercía el caudillaje en su tierra con indiscutible autoridad, al mismo tiempo, delegaba y obedecía con total lealtad cuando reconocía en otro atributos merecedores de ello como hizo con José Antonio.

Era Onésimo un hombre de obras y hechos, no creía en grandes definiciones de sistema o gobierno, su filosofía era más directa, le preocupa el contenido de las propuestas más que su arquitectura, en qué se traducían para el hombre.

Escribe constantemente sobre la libertad, renegando por tanto de ideologías cerradas, piensa en la acción, en las dificultades cotidianas de los españoles, en vez de evitar el compromiso creando teorías intelectuales que en ocasiones dilatan la respuesta a dar, pasando a formar parte del problema.

Por estos aspectos, por conocerse a sí mismo, hombre de profundísimas convicciones católicas y vida interior, no le preocupa estar en segundo lugar frente a las figuras de Ramiro y José Antonio.

Hasta muere como vive, luchando, sin preguntarse si Franco era más o menos falangista, muere combatiendo la barbarie roja.

Por último destacar su amor a Castilla, no a una comunidad autónoma sino a la vertebradora de España. Otro ejemplo este de triste actualidad, hoy en día caemos en un amor alicorto fruto del victimismo y comparaciones tergirversadas hacía nuestras regiones, él en cambio amaba a Castilla como medio para salvar nuestra Patria.

Aprendamos de este hombre a encontrar nuestro sitio, nuestra medida, nuestra responsabilidad, a delegar sin soberbias egocéntricas, no olvidemos que todos tenemos más y menos capacidades según para qué.

Sumemos esfuerzos, recordemos que hay mucha sangre de españoles unida en el campo de batalla, no gastemos nuestra energía por separarla creando capillas cada vez más pequeñas, luchemos juntos por Dios y por España.

Recordar de Onésimo para terminar aquello que de él se decía:..Vivió para España, murió en su Castilla.

Onésimo Redondo: ¡Presente!

 22 de Marzo de 2.005.-  


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