¡NO HUYAS, PUES, ZAPATERO!

La grúa que arrancó a Franco de su pedestal debía haberse llevado también las vecinas efigies de Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, con las que completaba aquel improvisado museo de los horrores y las responsabilidades de la Guerra Civil, junto a la Castellana. Ahí estaban, como reflejo de reconciliación, las dos Españas del 36, con sus errores, sus culpas y sus condenas, enfrentadas en la quietud del metal fundido, ante la indiferencia de los paseantes.

Al eliminar a uno de ellos del pedestal, los otros han perdido su apoyatura, lo mismo que pasa con la memoria de la contienda. Al dirigirla en una sola dirección, se corre el riesgo de perder la memoria toda y lo que ésta tiene, todavía, de lección de futuro.

Largo y Prieto se han quedado solos con sus errores, sus culpas y sus condenas. Sin el contrapunto del "generalísimo", resaltan mucho más su responsabilidades, sus atroces verdades, impúdicamente aliviadas en la vía pública como hasta entonces lo habían sido las de Franco cuando estaba solo en Nuevos Ministerios.

Atroces verdades que no resisten el maniqueísmo vertido sobre la historia de la contienda. ¿O no es atroz que bajo las órdenes de los socialistas Largo y Prieto, y después Negrín, cientos y cientos de soldados republicanos fueron asesinados en los frentes de batalla a manos de su propios mandos? Murieron hombres del pueblo cuyo único delito era desear volver del frente y ver de nuevo a sus familias, como los dirigentes del PSOE hacían cada noche cuando salían de la seguridad de sus despachos.

Largo Caballero era líder del PSOE y presidente del Gobierno cuando "El Socialista", el 1 de noviembre de 1936, avisaba así a los milicianos que defendían la República:

"Miliciano desertor del frente: huyes ante el enemigo por temor a que una bala te mate. De cada cinco mil balas sólo una hace blanco. Si desertas, el Gobierno puede fusilarte. ¿Qué prefieres: que una de las cinco mil te hiera, o que te mate la única que dispara el pelotón de ejecución? La elección no es dudosa. ¡No huyas, pues, miliciano!".

A Indalecio Prieto se le debe como ministro de Defensa la idea de situar ametralladoras detrás de las líneas propias para segar la vida de cuantos retrocedieran en la batalla. Esta brillante aportación a la humanización de la guerra, firmada por él mismo, figuró nada menos que en la Gaceta de la República, el 19 de junio de 1937:

"El que encontrándose en acción de guerra o dispuesto para entrar en ella fuere el primero en volver la espalda al enemigo, incurrirá en la pena de muerte y podrá en el mismo acto ser muerto, para su castigo y ejemplo de los demás".

Y ahí siguen las esculturas de Largo y Prieto en Madrid, como sanguinarios "Molochs" a los que no duda en rendir culto un gobierno que hoy dice amar el bien, desear la paz y defender a los humildes. Si Zapatero es consecuente con sus alusiones a la tragedia familiar experimentada en la contienda, tiene la obligación moral de quitar estas esculturas del eje central de la capital de España. ¡No huyas, pues, Zapatero!

Yo, por si acaso, cada vez que pase por la Castellana, intentaré no darles la espalda. Y si alguna noche las retiran, que tampoco me despierten.

Pedro CORRAL

® La Razón. 18 de Marzo de 2.005.-

© Generalísimo Francisco Franco. 18 de Marzo de 2.005.

 


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