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Estas
maniobras fueron una operación militar efectuadas por el Ejército
español, destacado en el protectorado de Marruecos, entre los
días 5 y 12 de julio
de 1936, y que sirvieron de preparación para el
Alzamiento Nacional. Dichas maniobras fueron autorizadas por
el presidente del Gobierno republicano y ministro de la
Guerra, Santiago
Casares Quiroga y estuvieron presididas por el alto
comisario de España en Marruecos, Plácido
Álvarez Buylla, el general Agustín
Gómez Morato, comandante general de las fuerzas de África,
y el general Manuel Romerales Quintero, comandante general de Melilla.
Intervinieron
en esta maniobra militar algo más de 20.000 hombres: 6
banderas de la Legión, 7 batallones de Infantería, 10
tabores de Regulares, 6 tabores de la Mehala, 10 escuadrones
de Caballería, 6 baterías de Artillería y las
correspondientes fuerzas auxiliares de Ingenieros,
Transmisiones, Intendencia y Sanidad.
Aprovechando
la operación, los principales jefes militares comprometidos
en el alzamiento, ultimaron los detalles. Fueron captados para
el Movimiento los coroneles Luis
Solans y Emilio Peñuelas,
que se unieron a los jefes de la conspiración, los tenientes
coroneles Juan Yagüe, Gautier, Sáenz de Buruaga, Asensio Cabanillas, Juan
Beigbeder, Losas, Alfaro, Juan Bautista Sánchez, Seguí,
Maximino Bartoméu, Fernando Barrón, Delgado Serrano y Darío
Gazapo Valdés.
A
la hora del banquete de gala se oyeron voces de: ¡Café!
(siglas de Camaradas, Arriba Falange Española).
ARRIBA
Mola había
fijado para el 14 de
julio el inicio del Movimiento, pero al no estar aún a
punto las negociaciones con la Comunión
Tradicionalista, hubo de ser aplazado. La noticia del
asesinato de José
Calvo Sotelo perpetrado el 13
de julio, puso fin a todas las dudas. El 15
de julio cristalizaba el acuerdo definitivo entre
militares y requetés. Mola
recibió una carta de Yagüe
comunicándole que acababa de atar todos los cabos sueltos de
la conspiración en Marruecos. La consigna para el alzamiento
redactada por el “Director”
(Mola) fue: “El
17, a las 17”.
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ARRIBA
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La
rápida marcha del Ejército Nacional, iniciada en la
noche del 2 al
3 de agosto de 1936 en Sevilla, con acciones tan sangrientas y
destacadas como las de
Badajoz y
Talavera, desarrollándose con aceleraciones y parones, así como
con episodios tan heroicos como el de la liberación del
Alcázar de Toledo, finalizando con un vertiginoso avance hacia Madrid.
Las
columnas que avanzaban eran cinco, mandadas por los
tenientes coroneles Asensio,
Barrón, Delgado Serrano y Tella y el comandante Castejón,
y todas ellas bajo el mando supremo del general Varela. Las fuerzas no sobrepasaban los 6.500 hombres. La
superioridad numérica de las tropas republicanas de José Miaja Menant, estaba contrarrestada por la mejor calidad de
las columnas de Varela.
Los nacionales concretan tres maniobras: una sobre la
carretera de La Coruña, y las otras dos, encaminadas a
cortar la comunicación de Madrid con Levante, operándose
en dirección al Jarama y a Guadalajara. Miaja se dispone a mantener a toda costa sus posiciones, envolviendo
a las columnas enemigas en la Ciudad Universitaria. Para
aliviar la situación de las tropas nacionales, medio
sitiadas en la Ciudad Universitaria y en la Casa de
Campo, el coronel García
Escámez trata de ocupar Pozuelo
y Húmera.
Son unos 7.000 hombres frente a unos 14.000 del general Kleber,
seudónimo de Lazar
Stern. El 29
de noviembre se rompe el frente y se alcanza el
cementerio de Pozuelo,
pero ya no se puede avanzar más. La guerra de maniobra
se hacía cada vez más difícil. En el frente alcarreño
el general frentepopulista Sebastián Pozas trata de llegar el 1 de enero de 1937 a Sigüenza y Atienza. El 3 de enero los nacionales ocupan Villafranca del Castillo y los vértices Romanillos y Manilla, y al día siguiente, Las Rozas y Villanueva del
Pardillo. |
El
6 de enero de
1937 el general Luis Orgaz -que
había sustituido a José
Enrique Varela herido el 25
de diciembre de 1936-
en medio de durísimos forcejeos, alcanzó la carretera de La
Coruña. El día 7
son ocupados Pozuelo y Húmera. Al día
siguiente se conquista Aravaca
y el 9 la Cuesta de las Perdices y el Cerro
del Águila, al nordeste de la Casa
de Campo.
Ante
el temor de José Miaja
de que intentasen los nacionales ocupar de nuevo la capital,
realizó un gran despliegue de fuerzas, donde figuraban no
menos de once brigadas, entre ellas una nueva Internacional,
la XIV, mandada por
el soviético general
Walter, seudónimo de Karol
Swierczewski, más tres agrupaciones. Aparte de los
brigadistas “Hans” (alemán),
el italiano Nino
Nanetti, los generales Kleber
y Luckacz, seudónimo de Matei
o Mata Zalka, se encontraban también los milicianos Enrique
Líster, Valentín González “el
Campesino” y Gustavo
Durán Martínez, así como los profesionales españoles teniente
coronel Recio,
comandantes Sabio,
Gallo, Palacios y Fernández Navarro, y los capitanes Zulueta
y Galán. El general Miaja
no se resigna a la derrota y efectúa un ataque el día 11
filtrando sus fuerzas entre Las
Rozas y Villanueva del Pardillo, pero la situación queda
restablecida cinco días después. El 19
tras un golpe de sorpresa, la Brigada
de Líster se apodera del Cerro
Rojo (antes llamado el Cerro de los Ángeles).
Resumen
Avance
sobre Madrid. Iniciativa Nacional.
Finalidad:
Conseguir la victoria por el efecto político de ocupar la
capital.
Objetivo:
Atacar
Madrid con las columnas del Sur.
Plan:
El
único posible con tan escasas fuerzas: cubrir el flanco
izquierdo en la frontera portuguesa y atacar por la zona menos
guarnecida, afrontando el riesgo del obstáculo natural del
Manzanares.
Características:
Extraordinaria
velocidad y esfuerzo de las columnas.
Duración:
Del
4 de agosto al 8 de
noviembre de 1936.
Resultados:
Fracasa
la finalidad principal. Queda una flecha clavada en el Sur de
Madrid y una zona conquistada desde Sevilla a la capital.
Defensa
de Madrid. Iniciativa republicana.
Finalidad:
Frenar
ante Madrid el avance de las columnas del Sur, con el lema
“No pasarán”. Objetivo:
Hacer entrar en acción fuerzas de choque frescas contra
las atacantes fatigadas, para destruirlas y liberar la
capital.
Características:
Las Brigadas Internacionales entran en fuego. Primeros
combates aéreos. Duración:
Desde el 8 de noviembre de 1936 hasta el 6 de febrero de 1937. (El 23
de noviembre tiene lugar en Leganés
una importante reunión presidida por el Generalísimo
a la que acuden los generales Mola,
Saliquet y Varela, con sus jefes de Estado Mayor. Allí se
decide desistir del ataque frontal a Madrid).
Resultados:
Conseguido
el objetivo. Los nacionales “no pasaron” hasta el día de
la Victoria.
ARRIBA
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Tuvo lugar en las proximidades del curso medio del río Jarama,
entre los días 5
y 25 de febrero de 1937. Los nacionales tenían el
propósito de envolver Madrid con una rápida maniobra
que le permitiese cortar la carretera que une dicha
ciudad con Valencia, y llegar hasta Alcalá de Henares.
El general Varela
recibe el mando de 30.000 hombres para iniciar las
operaciones, cuya misión principal es bordear el
Manzanares.
Tras una intensa preparación artillera, los nacionales atacan las
orillas del río Jarama,
en un frente de unos 25 km. desde San
Martín de la Vega hasta
Vaciamadrid. Las tropas nacionales estaban mandadas
por el general Luis Orgaz Yoldi y compuestas por sendas brigadas a las órdenes de Ricardo
de Rada, Eduardo Sáenz de Buruaga, Fernando Barrón y
Carlos Asensio, y por la agrupación que operaba al
mando de García
Escámez.
En la parte del frente donde debían actuar estas unidades se
encontraba la llamada Ala
Izquierda o 5º
Sector del Frente de Madrid, mandado por el
comandante de milicias, Juan
Modesto Guilloto, y la 9ª
División del teniente coronel Burillo,
con un total de cuatro brigadas en línea, aparte de las
quince brigadas destinadas a la proyectada ofensiva. Modesto
dependía del general Miaja
y Burillo del
general Pozas. |
El 6 de febrero, Rada
llega hasta el poblado y la fábrica de La
Marañosa y García
Escámez a Ciempozuelos. Los nacionales cruzan el Jarama con grandes dificultades sólo por un punto, el Pingarrón,
donde quedó establecida una cabeza de puente. El día 12
de febrero de 1937, las tropas rojas mandadas por los líderes
comunistas procedentes de las milicias populares, Enrique
Líster y Valentín
González “el
Campesino”, y a la cabeza de ellos el general José Miaja, apoyados por carros de combate y aviación,
contraatacaron seriamente y consiguieron frenar el ataque de
los nacionales. El 18,
un espectacular duelo aéreo daría el dominio del aire a los
aviones nacionales. El as de los pilotos nacionales, Joaquín
García Morato Castaño, hace referencia al mismo con
estas palabras: “Bombardeo en el frente del Jarama,
iniciando el combate con veintiséis aviones, ametrallando
cuatro y derribando uno. Felicitaciones del Mando y del Generalísimo, y propuesta de Laureada”.
El día 19 los combates son
violentísimos y una compañía del tabor del comandante Zamalloa pierde el 80 por 100 de sus hombres. La más dura jornada
es la del día 23
sobre el Pingarrón.
Una larga y fortísima preparación artillera destruye las
trincheras reduciendo los efectivos allí destacados, que
sufren la baja de la totalidad de los oficiales. Perdida la
altura por tres veces, es otras tantas recuperada, a costa de
un gran tributo de sangre. Los combates del Pingarrón
marcan el final de la batalla
del Jarama por agotamiento de ambos beligerantes. Los
expertos coinciden que esta batalla fue una de las más duras
de toda la contienda, por la ferocidad de los combates, las
tremendas bajas en los dos sectores y la destrucción de las
diversas unidades de los dos Ejércitos.
Resumen
Jarama. Iniciativa Nacional.
Finalidad: Aislar
Madrid del resto de la zona roja, embolsando el Cuerpo de Ejército
de Madrid y gran parte del Ejército del Centro, mediante una
maniobra de doble envolvimiento, con una pinza desde Pinto
hacia el Jarama y Alcalá y otra desde Sigüenza hacia
Guadalajara-Alcalá.
Objetivo: Cortar
las comunicaciones de Madrid con Valencia, alcanzar la
confluencia del Henares y el Jarama y ocupar Alcalá.
Características: Batalla
de desgaste de las tropas más selectas de ambos bandos, prácticamente
niveladas en potencia. Inferioridad aérea nacional al
comienzo, que evolucionó el 18 de febrero gracias a la hazaña
de García Morato. Acción de la Caballería nacional en el
paso del río. Duración:
Del 6 al 17 de
febrero de 1937.
Resultados: Fracaso
de la finalidad estratégica por agotamiento de las fuerzas de
uno y otro lado. Éxito táctico nacional al lograr una
penetración de 15 a 20 km. a lo largo de un frente de unos 20
kilómetros, con lo que quedaba parcialmente cumplida la
primera parte del plan, al interceptar varios tramos de la
carretera Madrid-Valencia y de la secundaria de Puente de
Arganda a Colmenar de Oreja, obligando al enemigo a dar
grandes rodeos.
Contraofensiva del Jarama:
Iniciativa republicana.
Finalidad: Reconstruir
la ofensiva hasta Navalcarnero, que estaba a punto de
desarrollarse cuando se produjo el ataque nacional.
Objetivo: Envolver
a las columnas nacionales que amenazaban Madrid, aislando
primero sus fuerzas para destruirlas después.
Características: La
proximidad al frente de las unidades rojas de choque allí
preparadas para iniciar su ofensiva produjo un endurecimiento
de la lucha que llegó a ser cruentísima. Batalla de desgaste
por ambos lados, con inicial superioridad aérea roja.
Duración: del
17 al 28 de febrero de
1937.
Resultados: Fracaso
de la finalidad estratégica, igual que en el bando nacional.
ARRIBA
Tras la batalla del Jarama, Franco
intenta el ataque a Madrid partiendo del nordeste. En las
primeras horas del 8 de marzo de 1937 comenzó la acción con un combate aéreo llevado
a cabo por 9 aparatos protegidos por una escuadrilla de caza.
La artillería entró al mismo tiempo en acción. Mirabueno
fue tomado rápidamente. El día 10,
Brihuega y Jadraque
defendidas por los “Leones
Rojos” y los “Leones
de Alicante” son tomadas por los nacionales. En la noche
del día 11, Miaja
desguarnece astutamente el frente sur ante Varela
y traslada en camiones sus tropas al sector de Guadalajara.
Los nacionales que proseguían su avance tranquilamente hacia Guadalajara,
han de detenerse ante una fuerte resistencia y el mal tiempo
reinante, con fuerte viento, lluvia y nieve. El 12,
los refuerzos de Miaja
se oponen al avance nacional, pero no pueden impedir la toma
de éstos de Trijueque.
Encargado del papel fundamental de la operación el Corpo di Truppe Volontarie (CTV)
-tropas italianas al servicio
del bando nacional- altas de moral después de su
reciente triunfo en Málaga,
asumió el mando supremo de tal operación el general
italiano Mario Roatta, que tuvo a su disposición cerca de 50.000 hombres,
encuadrados en cuatro divisiones motorizadas, mandadas por los
generales Rossi, Coppi,
Nuvoloni y Bergonzoli, varias brigadas mixtas y, cubriendo
el flanco derecho, la División Soria, mandada por el general José Moscardó Ituarte. En la línea central se produjo un gran
amontonamiento de carros de combate y hombres de la columna
italiana, y fue por ahí por donde los rojos iniciaron la
noche del día 13, la contraofensiva con las Brigadas
Internacionales. El día 15,
los nacionales evacuan Trijueque.
Retroceden los voluntarios italianos y durante varios días
prosiguen los ataques marxistas que avanzan en toda la línea,
reconquistando Brihuega.
Las divisiones italianas, desconcertadas y desasistidas, pues
no reciben la ayuda que esperan del sector Sur, emprenden una
rápida y desorganizada retirada, abandonando en su huida gran
cantidad de material bélico. La derrota italiana costó a los
inicialmente atacantes, cerca de 6.500 bajas y alrededor de
300 prisioneros y aunque, a la hora del recuento, habían
avanzado 15 km. en profundidad, constituyó un rotundo
fracaso, del que la propaganda roja supo sacar no poco
beneficio.
Resumen
Guadalajara. Iniciativa
Nacional.
Finalidad: Completar
la operación de cerco de Madrid con el envolvimiento por el
ala Norte (Guadalajara) y el posible apoyo por el Sur (Jarama).
Objetivo: Alcanzar
Guadalajara y Alcalá de Henares tratando de tomar contacto
con las fuerzas del Jarama.
Plan: Una
acción rápida, motorizada, combinada con otras normales en
otros sectores. Características:
Combate de extranjeros sobre España. La principal acción
y la mayor densidad de fuerzas es de voluntarios italianos
bisoños contra Brigadas Internacionales. Temporales de frío
y nieve impiden la utilización de los aeródromos nacionales.
Domina el aire la aviación roja. Abundantes vehículos,
artillería y material aéreo. Impotencia de las fuerzas
nacionales del Jarama para coordinar una acción de apoyo.
Duración:
Del 8 al 13 de marzo de
1937.
Resultados: Un
primer avance de 50 km. muy rápido y con perspectivas halagüeñas
para un éxito fácil de la operación, se convierte en
fracaso, pese a lo cual, la línea final queda muy avanzada
dentro del campo rojo.
Contraofensiva de Guadalajara.
Iniciativa republicana.
Finalidad: Explotar
la detención del Cuerpo de Tropas Voluntarias (CTV) y
convertir su repliegue en desastre. Los rojos quisieron
presentarla como la gran batalla moderna. Características:
Embotellamiento de vehículos en carretera. El mal tiempo
impide actuar a la aviación y medios motorizados. Entran en
acción tropas de refresco.
Duración: Del
7 al 23 de marzo de
1937.
Resultados: Paralizar
y desarticular el avance de las tropas motorizadas del CTV,
produciendo un repliegue desordenado, con lo que la zona
conquistada por los nacionales se limita a 20 kilómetros de
profundidad en 40 km. de frente.
ARRIBA
Tras la batalla de Guadalajara,
los rojos reanudan la ofensiva con éxito en este frente. En
los meses de abril y
mayo de 1937, al mismo
tiempo que se apoderan del Santuario
de Nuestra Señora de la Cabeza, presionan en dirección
hacia Fuenteovejuna
y Peñarroya. En junio, el
general Miaja
participa al Gobierno de Valencia su propósito de lanzar una
ofensiva en el sector noroeste de Madrid,
entre El Escorial y Toledo. El
ataque se desencadena el 5
de julio de 1937, y en los primeros días los rojos tienen
una ventaja indudable: desbordan los puestos avanzados de los
nacionales y consiguen cercar hasta el sur de Brunete,
una bolsa profunda que se detiene a cinco kilómetros de Navalcarnero.
La operación, inteligentemente preparada por Vicente Rojo, asistido del asesor soviético Rodion Malinovski, permitía emplear el grueso de sus fuerzas sin
alejarlas demasiado de la que se consideraba como zona que había
que defender prioritariamente: Madrid.
Las fuerzas rojas, alrededor de 50.000 hombres, las mandaba el
general José Miaja
y estaban integradas por el V
Cuerpo de Ejército, a las órdenes de Juan
Modesto Guilloto (compuesto, a su vez, por las divisiones 11,
35 y 46, cuyos jefes eran Líster,
Walter y Valentín González “el
Campesino”, respectivamente), el XVIII,
a cuyo frente figuraba Jurado
y, posteriormente, Casado
(con las divisiones 10,
15 y 34, a las órdenes de Enciso,
Gal y Galán) y, en reserva, las divisiones 45
(Kleber) y 69 (Gustavo Durán
Martínez), y cuatro brigadas más. En un golpe de
audacia, las fuerzas de Líster
ocuparon y rebasaron Brunete,
y dos días después entraban en Quijorna
y posteriormente en Villanueva
del Pardillo y en Villafranca
del Castillo, llegando con sus avanzadillas a las afueras
de Boadilla, donde
tenía instalado su puesto de mando el general Varela.
Para socorrer a los nacionales llegó la aviación de Vizcaya, y las pérdidas de los marxistas se anunciaron como muy
elevadas. A partir de aquí el ejército nacional reaccionó rápida
y eficazmente, y las divisiones 4,
5, 12, 13 y 150, mandadas, respectivamente, por Alonso
Vega, Juan Bautista Sánchez, Asensio, Barrón y Sáenz de
Buruaga, más la Legión
Cóndor alemana, hizo girar 180 grados el rumbo de la
operación. El 18 de
julio de 1937, bajo un sol implacable, el general Varela lanzó tres ataques simultáneos para reducir el saliente de Brunete.
Franco se trasladó al teatro de guerra, donde permaneció una
semana dirigiendo el ataque con su Estado Mayor. El día 20, con la toma de la cota 660 dio virtualmente la victoria a las
tropas nacionales. El 24
de julio de 1937 entraba en Brunete
los nacionales. La batalla
de Brunete fue una tremenda matanza, una de las más
feroces y costosas batallas de la Cruzada
de Liberación. Se calcula que Miaja
perdió cerca de 30.000 hombres y la XIV
Brigada Internacional dejó sobre el campo de batalla el
80 por 100 de sus efectivos. Un número considerable de
aviones derribados y una cincuentena de carros rusos fueron
apresados.
Resumen
Brunete. Iniciativa
republicana.
Finalidad: Salvar
Santander, atrayendo a Brunete las fuerzas nacionales que
operaban en la zona cantábrica.
Objetivo: Ocupar
Navalcarnero para envolver por el Sur y por el Oeste a los
sitiadores de Madrid y aniquilarlos.
Características: Plan
excelente, pero ejecutado con poca decisión. Empleo
continuado y profuso del arma aérea. La organización roja
cuenta ya, antes que la nacional, con Cuerpos de Ejército.
Modelo de batalla moderna en varios aspectos.
Duración: Del
6 al 25 de julio de
1937 (veinte días).
Resultados: Se
consigue la finalidad perseguida, retrasando cinco semanas el
ataque nacional a Santander. No se logra el objetivo, ya que
la contraofensiva nacional desalojó al enemigo del territorio
ocupado, excepto una zona de 20 kilómetros de ancho por cinco
de profundidad, que quedaría en su poder hasta el fin de la
guerra.
ARRIBA
Se inició el 24 de agosto de
1937 a iniciativa del ejército frentepopulista, que, como
en Brunete, perseguía
el propósito de distraer las fuerzas enemigas operantes en el
frente del Norte, que amenazaba seriamente Santander. El objetivo de esta ofensiva era el ataque y subsiguiente
ocupación de Zaragoza,
que desde el comienzo de la contienda estaba en poder de los
nacionales. El mando supremo de la operación se encomendó al
general Pozas, jefe del Ejército del
Este, y el de la acción principal al V
Cuerpo de Ejército cuyo jefe era Juan
Modesto Guilloto, al que prestaron apoyo algunas unidades
del XII. En los
primeros momentos, la ofensiva hizo concebir al mando rojo
grandes esperanzas respecto al resultado de la operación,
pero pronto se vio frenada por la fuerte resistencia que
opusieron los nacionales. Al día siguiente las tropas
gubernamentales ocupaban Mediana
y Fuentes de Ebro, situándose a unos 25 km. de Zaragoza. La operación
no constituyó ningún éxito para los republicanos, pues Franco,
con la experiencia de Brunete,
no distrajo fuerzas del Norte,
que es lo que les interesaba a los rojos, sino que las llevó
de Madrid, al mando
de Barrón y de
Sáenz de Buruaga. La República contaba con 80.000
hombres, cien tanques y unos 200 aviones. Las localidades de Quinto
y Codo, situadas al norte de Belchite,
fueron las primeras en caer. Pero la tenacidad de las
guarniciones nacionales, pese a contar con escasa cobertura aérea,
sorprendió a los atacantes, que disponían de las mejores
tropas del Ejército Rojo y también de muchos destacados
militares extranjeros y rusos. Cuando lograron entrar en Codo, que había sido defendida por unos 300 requetés contra 2.000
soldados frentepopulistas, se encontraron con el siguiente
lema grabado en las paredes del pueblo: “Cada
rojo que matéis, un año menos de purgatorio”. Belchite,
cuya población en 1935 era de 3.812 habitantes, sufrió un
implacable cerco a cargo de una Brigada
de la División de
“Walter” y dos de la 35,
quedando al frente de todas el jefe de la 25,
García Vivancos. El primer ataque tuvo lugar el 29
de agosto de 1937, perdiendo los defensores la ermita de El
Pueyo. Al día siguiente los asaltantes ocupan el vértice
Voladico y el cementerio.
Hacía un calor aplastante y a los sitiados se les cortó el
suministro de agua, a la vez que les faltaban víveres,
municiones y material sanitario. En las últimas horas del 1
de septiembre los invasores penetran en el casco urbano y
el 2 se extienden
por entre las ruinas, luchándose dramáticamente en la calle
Mayor. No hay tiempo de enterrar los cadáveres, con lo que el
olor es insoportable. Se combate casa por casa y las piezas de
artillería disparan “a cero”. El día 4,
ya perdido prácticamente Belchite,
los nacionales se refugian en la iglesia, donde instalan
cuatro ametralladoras. Los hombres de “Walter”
provocan incendios e inician trabajos para volar los edificios
que aún resisten. El alcalde Andrés
Treyuelo, antes de morir entre las ruinas, envió el
siguiente mensaje: “Los
españoles de aquí no tenemos prisa. Si antes que lleguéis
llega la muerte, ¡bienvenida sea! Pero de ninguna forma
queremos que por salvarnos se arriesgue nuestro Ejército o se
varíen los planes del mando. Resistiremos hasta morir”.
A las ocho y cuarto de la noche del 5
al 6 se trata
de romper el cerco por primera vez; a la cuarta intentona -once
de la noche-, un reducido grupo de
oficiales, soldados y paisanos consigue cruzar las líneas
entre luchas indescriptibles. Desde el cuartel del V
Cuerpo de Ejército,
del general Miguel
Ponte y Manso de Zúñiga, se supo puntualmente la gesta
de Belchite. A su
lado, Codo, Quinto, Mediana, Fuentes
de Ebro y otros puntos, permitieron que Zaragoza
se salvase.
Resumen
Belchite. Iniciativa
republicana.
Finalidad: Suspender la campaña
nacional del Norte cuatro días antes de la caída de
Santander.
Objetivo: Conquistar Zaragoza y Huesca con una acción en Zuera
y otra en Belchite.
Características:
Plan bien concebido, pero
ejecutado sin audacia, paralizándose los ataques ante pequeñas
resistencias a su retaguardia. Franco no distrae fuerzas del
Norte y resuelve la batalla con las del propio frente aragonés.
Duración: Del
24 de agosto al 15 de
septiembre de 1937 (veintitrés días).
Resultados: La
acción de Zuera fracasa. La de Belchite se contiene a 20 kilómetros
de Zaragoza. Los rojos ocupan una zona de 15 kilómetros de
profundidad por 35 de frente durante seis meses (hasta el 9 de
marzo de 1938).
ARRIBA
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|
El 15 de diciembre de 1937,
la XI División del
Ejército del Frente Popular, al mando de Enrique
Líster, iniciaba
una formidable ofensiva sobre Teruel,
en un invierno que conocería más de los 20 grados bajo
cero. Por el bando gubernamental intervinieron cerca de
100.000 hombres, apuntándose un éxito inmediato al que
ayudó, no poco, lo inesperado del asalto y la rapidez
con que se llevó a cabo la maniobra. El objetivo
principal era el de cercar la ciudad. Al darse cuenta de
las intenciones del enemigo, el jefe nacional del
sector, el coronel
Domingo Rey D’Harcourt, hizo replegar inmediatamente sus fuerzas,
alrededor de 6.000 hombres, concentrándolas en el mismo
Teruel.
A los pocos días, Franco le
envía desde su cuartel móvil -en
las proximidades del frente-,
la siguiente orden:
«El Generalísimo saluda a los
defensores de Teruel. Nuestro Ejército prepara sus
fuerzas para el inmediato aplastamiento de los
atacantes. El enemigo está muy castigado. Teruel será
rápidamente liberado. Las fuerzas de esa guarnición
se bastan ampliamente para prolongar la defensa, sin
peligro para la plaza. Deben defenderse a toda costa
las posiciones, economizando municiones y víveres. La
niebla, la nieve y el hielo son elementos importantes.
Hay en la plaza antiguos pozos, restos de
canalizaciones, vino y otros artículos que deben ser
cuidadosamente racionados. La guerra de calles es
favorable a la defensa. Los tanques enemigos son
impotentes dentro de la ciudad, porque no pueden
disparar hacia arriba. Se les puede destruir por medio
de gasolina y granadas de mano. La guarnición debe
defenderse en conjunto y en cada uno de los sectores.
La caída de un centro de resistencia no debe
desalentar a los demás ni justifica su
desfallecimiento. Si algún mando desmayara, debe ser
sustituido inmediatamente por el más capaz de sus
inferiores inmediatos o por cualquiera de ellos, en el
caso de que esto fuera necesario para prolongar la
defensa. Desde ahora queda usted nombrado comandante
de la plaza con toda autoridad. La conducta heroica de
Villarreal,
Oviedo, Belchite, servirá
de ejemplo para esa gloriosa guarnición. Tened
confianza en España, como España confía en
vosotros.
¡Arriba España! ¡Viva España!»
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Los días pasan y el cerco se estrecha cada vez más y el socorro
prometido no llega. El frío y la nieve, en uno de los
inviernos más inclementes en los últimos cuarenta años,
hacen que tanto el ataque como la defensa, sean sumamente
duros. El 31 de
diciembre de 1937, las fuerzas nacionales de la 1ª
División Navarra,
llegan a los arrabales de la ciudad, pero debido a las
dificultades creadas por el temporal y una falta de coordinación
entre los mandos, no se produce el contacto con los sitiados.
El 7 de enero de 1938,
al considerar Rey
D’Harcourt que ya no es posible sostener la resistencia,
se rinde a sus enemigos, firmando el correspondiente
documento, el que suscriben la mayoría de los jefes y
oficiales. Desde entonces, sin ninguna razón, el nombre de Rey D’Harcourt se convierte en sinónimo de traidor. Fue hecho
prisionero por los rojos, padeciendo más de un año de
cautiverio, hasta ser asesinado al final de la guerra, el 7
de febrero de 1939, cuando el ejército rojo se retiraba
hacia Francia, en el barranco llamado Can
Tretze, entre Pont
de Molins y Les Escaules, junto a 39 presos políticos, entre ellos el obispo
de Teruel-Albarracín,
fray Anselmo Polanco
Fontecha. Fueron ametrallados por el comandante comunista Pedro
Díaz -jefe de una columna de las
tropas de Líster-, prendiendo luego fuego a los cuerpos, tras rociarlos con gasolina.
El 5 de febrero de 1938, se
inició la contraofensiva nacional con el Cuerpo
de Ejército de Galicia, mandado por
el general Antonio
Aranda Mata y el Cuerpo
de Ejército Marroquí, a las órdenes de Juan
Yagüe Blanco, y el 7
de febrero un fuerte contingente de la división de Caballería
dirigida por el general José
Monasterio Ituarte, consiguió cruzar el río Alfambra
por tres sitios distintos, obligando a las tropas
republicanas a retirarse precipitadamente en toda la línea.
Este hecho se consideró como la carga de caballería más
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