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Actualizada: 23 de Mayo de 2.006.  

 
 
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 El 9 de agosto de 1939, Franco forma el primer Gobierno de la paz, que está formado por 14 ministros. Asuntos Exteriores: Juan Beigbeder Atienza. Gobernación: Ramón Serrano Suñer. Ejército: José Enrique Varela Iglesias. Marina: Salvador Moreno Fernández. Aire: Juan Yagüe Blanco. Justicia: Esteban Bilbao Eguía. Hacienda: José Larraz López. Industria-Comercio: Luis Alarcón de la Lastra. Agricultura-Trabajo: Joaquín Benjumea Burín. Educación Nacional: José Ibáñez Martín. Obras Públicas: Alfonso Peña Boeuf. Secretaría General del Movimiento: Agustín Muñoz Grandes. Sin Cartera: Rafael Sánchez Mazas. Sin Cartera: Pedro Gamero del Castillo. En él, sólo hay dos viejos falangistas: Yagüe, militar, y Sánchez Mazas, de tendencia monárquica. Han aumentado los neo-falangistas de Serrano Suñer, procedentes de la CEDA, mientras que el grupo más sólido está formado por militares.

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El 1º de septiembre de 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial. Es el peor acontecimiento que puede producirse para España. La ingente tarea de reconstrucción interior se verá dominada a partir de ese momento por la política exterior, teniendo en cuenta sobre todo, que esa guerra llega a las mismas fronteras españolas en el verano de 1940. Franco procede a una reorganización de su gabinete y nombra a Serrano Suñer ministro de Asuntos Exteriores, mientras que Gobernación lo llevaría José Lorente Sanz, por delegación del Jefe del Estado, y más tarde, el coronel Valentín Galarza Morante. Secretaría General del Movimiento queda sin cubrir y Sánchez Mazas cesa como ministro sin cartera. Demetrio Carceller Segura entra como ministro de Industria y Comercio.

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España había declarado la neutralidad, para pasar después a la “no beligerancia”. Alemania desea que España entre en la guerra. El 23 de octubre de 1940, Franco acude a Hendaya para entrevistarse con Hitler. Toda la tarde y buena parte de la noche duran las entrevistas. Franco adopta la postura del “amigo que resiste”. A las peticiones de Hitler no hay un “no” rotundo, pero lo cierto es que la negativa es real. Aquel día fue decisivo para la historia de España.

En febrero de 1941, Franco se traslada a Bordighera (Italia), donde se entrevista con Benito Mussolini. La impresión de Franco es que Mussolini está convencido de que no alcanzará la victoria. A su regreso a España, se entrevista con el mariscal Pétain, en Montpellier. No irritar al Hitler arrollador, parece que es el acuerdo.

Cuando el 21 de junio de 1941, Alemania declara la guerra a Rusia, Franco ve despejado el horizonte, porque el centro de gravedad se ha desplazado hacia el este. “Rusia es culpable”, grita Serrano Suñer desde el balcón de la Secretaría General del Movimiento. Se forma la “División Azul”, de voluntarios, que manda el general Muñoz Grandes. Más de 30.000 españoles pasarán por esta unidad.

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El 19 de mayo de 1941, Franco hace importantes nombramientos de ministros: tres falangistas de la “Vieja Guardia”, se incorporan al Gobierno: José Antonio Girón de Velasco, en Trabajo; José Luis de Arrese Magra, en Secretaría General del Movimiento y Miguel Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, en Agricultura. Pocos días antes de que Franco formase este Gobierno de tendencia “azul” se produjo también un acontecimiento cuya importancia sólo se vería con el transcurso del tiempo: la toma de posesión como subsecretario de la Presidencia del Gobierno de Luis Carrero Blanco, un marino de guerra, que se convertiría en el más allegado colaborador de Franco. La atención de aquellos días sólo se centraría en los nuevos ministros de la “Vieja Guardia”, que habían entrado en el Gobierno.

Y, efectivamente, la configuración del Estado iba a seguir otro rumbo por decisión de Franco. El 17 de julio de 1942, Franco promulga una Ley, por la que son creadas las Cortes Españolas, con dos fines esenciales: colaborar con la función del Jefe del Estado en la promulgación de leyes y asentar el principio de la autolimitación para una institución sistemática del poder. Es la democracia orgánica y significa el triunfo del tradicionalista Esteban Bilbao, que es nombrado presidente de las nuevas Cortes, y que celebra su primer pleno el 16 de marzo de 1943.

Otro acontecimiento importante es el cese de Ramón Serrano Suñer como ministro el 3 de septiembre de 1942, después de un incidente en Begoña, cuando unos exaltados lanzaron una bomba en una concentración carlista en la que se hallaba el general Varela, quien cesó como ministro del Ejército. Igualmente cesó el ministro de la Gobernación, Valentín Galarza. Los nuevos ministros fueron: general Francisco Gómez-Jordana y Sousa, conde de Jordana, en Asuntos Exteriores; general Carlos Asensio Cabanillas, en Ejército; y Blas Pérez González, en Gobernación. Desde el punto de vista de política exterior, significaba abandonar la “no beligerancia” y volver a la neutralidad estricta. Hay que apuntar que todavía no se había producido la batalla más larga y sangrienta de la II Guerra Mundial de Stalingrado, con la rendición del mariscal Friedrich von Paulus, ni la derrota de Erwin Rommel en El Alamein, ni el desembarco norteamericano en África del norte.

 

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El 17 de febrero de 1942, Franco se entrevista con el presidente del Consejo portugués, Antonio de Oliveira Salazar,  en Sevilla, cuando los dos países están amenazados por la guerra, siendo todavía ministro Serrano Suñer. Del 18 al 20 de diciembre de 1942, Franco apuntala el bloque ibérico: envía a su ministro Gómez-Jordana a Lisboa, llegando a un acuerdo con Salazar. Se trata de que Portugal y España tomen la iniciativa de la paz en Europa y, desde luego, la neutralidad a ultranza. Es el mismo mes en que los norteamericanos desembarcan en África del norte y cuando –el día 2 de noviembre- Franco recibe una carta del presidente Roosevelt, en la que le da cuenta de la operación militar y puntualiza: “España no tiene nada que temer de las Naciones Unidas”. 

El 12 de noviembre, Franco dispone la movilización de varios reemplazos porque Alemania ha ocupado la “Francia libre” y Túnez. Sobre España hay nuevas amenazas. En abril y mayo del 43, el nuevo jefe de la flota alemana, almirante Doenitz, propone la invasión de España. Hitler la rechaza. “Los españoles –se atribuye a Hitler-, son los únicos latinos duros. Nos llevaría a la guerra de guerrillas en nuestra retaguardia”. Por estas fechas, Stalingrado ha sido ya una triste realidad para Hitler, más penosa aún que la derrota de Rommel en El Alamein.

La gestión de Franco a favor de la paz es constante. El 6 de enero de 1942, se dirige a sir Samuel Hoare, embajador de Gran Bretaña en España, para hacerle constar la necesidad de una paz negociada. El punto de vista de sir Samuel Hoare es distinto: Inglaterra –junto a Estados Unidos-, será la única gran potencia cuando llegue la paz; Rusia no interferirá en la política de otros países. Es falso que Inglaterra y Rusia quieran repartirse Europa en zonas de influencia. Mientras, sigue la correspondencia de Gómez-Jordana con sir Samuel Hoare. El Gobierno español hace gestiones a favor de la paz cerca de Irlanda, Argentina, Suecia, Suiza, Polonia y Rumania, que resultan inútiles.

Simultáneamente, se libra la “batalla del wolframio”, esencial para los combatientes. De 675 libras que costaba la tonelada en 1941, pasa a 4.063 en 1942, y en 1943, España llega a vender a los aliados hasta 3.335 toneladas al precio de 7.500 libras la tonelada. Alemania logra comprar 900 toneladas.

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El 3 de agosto de 1944, muere Francisco Gómez-Jordana que es sustituido por José Félix de Lequerica Erquiza. El jefe del Gobierno británico, Winston Churchill, hace constar que no tiene nada contra España, antes al contrario, buena disposición. El presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, sin embargo, puntualiza: “No veo sitio en las Naciones Unidas para gobiernos cuyos orígenes tienen principios fascistas”. Posteriormente, Churchill se une a esta tesis. Es 1945, el año de las concesiones que hacen a Rusia, que sostiene el peso de la lucha. España, que en 1944 había sustituido la “División Azul” por una “Legión de Voluntarios”, retira ésta, antes del final de la II Guerra Mundial.

El 8 de mayo de 1945, el mundo celebra el final de la guerra en Europa. Para España comienza una nueva lucha que durará varios años: los “maquis” infiltrados a través de la frontera francesa y que se extienden por amplias comarcas, para robustecerse en Asturias y León. Fuerzas del Ejército y de la Guardia Civil tienen que ser desplazadas a estas zonas.

En julio de 1945, Franco toma dos importantes decisiones: firma el “Fuero de los Españoles”, que es una especie de carta de libertades esenciales, y forma nuevo Gobierno, que tiene lugar el 20 de julio. Como notas destacadas cabe señalar que no es cubierto el cargo de ministro Secretario General del Movimiento, y se nombra ministro  de Asuntos Exteriores a Alberto Martín Artajo, hasta entonces presidente de la Junta Técnica de Acción Católica, quien previamente ha consultado con el cardenal primado, doctor Enrique Pla y Deniel, que está al frente de la Dirección Central de esta organización. De la misma forma, todos los servicios de Prensa y Propaganda son retirados de la Secretaría del Movimiento e incorporados, en forma de Subsecretaría, al Ministerio de Educación Nacional, que lleva José Ibáñez Martín. Como nuevo subsecretario de Educación Popular es nombrado Luis Ortiz Muñoz. Como secretario, el hermano de éste, Antonio. Como director general de Prensa, Tomás Cerro Corrochano, y como director general de Propaganda, Pedro Rocamora. Todos ellos son afines a Martín Artajo. Un antiguo diputado de la CEDA, José María Fernández Ladreda y Menéndez Valdés, pasa a desempeñar la cartera de Obras Públicas. A partir de ese momento, toda la política exterior, la de Enseñanza, la de Prensa y Propaganda y buena parte de la Economía, será llevada por personas de mentalidad coherente entre sí. En el mismo Gobierno figuran tres falangistas: Raimundo Fernández Cuesta y Merelo, en Justicia; Juan Antonio Girón de Velasco, en Trabajo y Carlos Rein Segura, en Agricultura.

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Las dificultades socio-económicas se mantienen. La producción industrial ha sido en estos años inferior, incluso a los niveles de 1936 (el promedio de altos hornos sería de poco más de 600.000 toneladas de acero anuales y no superaría el millón logrado en la dictadura de Primo de Rivera, hasta los años 50). Simultáneamente, el nivel de vida sigue siendo bajo, con una renta per cápita en 1946 de 214 dólares. La construcción de grandes presas y el nacimiento de empresas del I.N.I. no han causado todavía los efectos esperados. En 1950, cuando la reconstrucción de Europa empieza a ser realidad, España sigue todavía con las cartillas de racionamiento y el “mercado negro”. Como síntoma, en algunas regiones, se paga el litro de aceite a 20 duros, cuando el sueldo de un capitán del Ejército, de un periodista o de un jefe de negociado de la administración está escasamente alrededor de las mil pesetas. En 1951 se producen incidentes de tipo social en Barcelona y en Madrid. Es cierto que tienen una dirección política, pero no lo es menos que encuentran un ambiente adecuado en estas dificultades socio-económicas.

El 19 de julio de 1951, Franco nombra nuevo Gobierno. Se vuelve a cubrir el cargo de ministro del Movimiento en la persona de Raimundo Fernández Cuesta, mientras que el subsecretario de la Presidencia, Luis Carrero Blanco, pasa a ser ministro del Gobierno. Se encomienda a Joaquín Ruiz Giménez Cortés, el hombre que ha abierto brecha en el Vaticano para la firma de un Concordato, el Ministerio de Educación, con el objetivo de ensanchar la enseñanza, porque España va a precisar de jóvenes preparados en todos los órdenes. Se trata de conseguir una universidad abierta. También es creado el Ministerio de Información y Turismo, que agrupará a todos los medios de comunicación, Propaganda y Turismo, ya que este último puede ser una buena entrada de divisas. El titular es Gabriel Arias-Salgado y de Cubas. El general Joaquín Planell Riera pasa a Industria. El teniente general Agustín Muñoz Grandes es nombrado ministro del Ejército y un ingeniero, Rafael Cavestany y Anduaga, se encarga de Agricultura, donde la crisis es mayor. La cartera de Marina la ocupa Salvador Moreno Fernández; Hacienda: Francisco Gómez de Llano; Comercio: Manuel Arburúa de la Miyar; Obras Públicas: Fernando Suárez de Tangil y de Angulo, conde de Vallellano y Justicia: Antonio Iturmendi Bañales.  

 

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El endurecimiento de la “guerra fría” abre caminos a la política exterior española. Martín Artajo logra sus máximos triunfos en Asuntos Exteriores. El 27 de agosto de 1953, se anuncia la firma del Concordato entre España y la Santa Sede. Estampan su firma en los documentos el embajador Fernando María Castiella y Maíz y monseñor Tardini de la Secretaría de Estado. En virtud del mismo, se confirma el viejo sistema de la presentación de obispos, mediante el cual el Jefe del Estado propone al Vaticano seis nombres, éste elige tres y el Estado designa a uno de ellos, así como una serie de privilegios y títulos honoríficos. A cambio, la Iglesia ve como la religión católica es la oficial del Estado, el matrimonio canónico tiene valor civil, la enseñanza deberá adaptarse al Dogma, los obispos podrán intervenir en materia de censura cuando se trata de escritos contra la Fe, la enseñanza religiosa será obligatoria, el Estado contribuirá al sostenimiento económico del clero, haciendo excepción de impuestos, se restablecerán los viejos fueros en cuanto a jurisdicción de los tribunales de Justicia. El antiguo presidente de la Acción Católica Española ve colmadas sus ilusiones como político de Franco, que ha depositado en él su confianza. “El Concordato –declara Martín Artajo- es la consagración del régimen en perfecta colaboración entre Iglesia y Estado. Creo que podemos felicitarnos como españoles y como católicos de la firma del nuevo Concordato, que regirá por muchos años las relaciones entre la Iglesia y el Estado español”. Es, indudablemente, el triunfo de la confesionalidad, por el que han luchado tres hombres: Artajo, Castiella y Ruiz Giménez.

El triunfo siguiente de Artajo es la firma de los acuerdos con Estados Unidos el 26 de septiembre de 1953, en virtud de los cuales los norteamericanos dispondrán de bases en Rota, Morón, San Pablo (Sevilla), Madrid y Zaragoza. A cambio, concederán ayudas de tipo económico y militar.

 

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La política de amistad hacia los árabes se desarrolló mediante un viaje de Martín Artajo a los países de Oriente Medio en 1952 y visitas a Madrid de Hussein de Jordania en 1955, y del rey Faisal de Irak y del Sha de Persia, en el año 1957. Esta misma política nos mueve a reconocer la independencia de Marruecos en 1956 y a recibir triunfalmente en Madrid al Sultán Mohamed V, convertido en Rey, después de haber sido destituido por los franceses en 1953. Sin embargo, un año más tarde, España es objeto de agresión en Ifni, que obliga al envío de tropas a este enclave. La campaña dura desde noviembre del 57 a marzo del 58. El 7 de diciembre de 1957 moría heroicamente en el frente, el alférez Francisco Rojas Navarrete, primer caído de la IPS (Instrucción Premilitar Superior).

El I.N.I. desarrolla en estos años, con Suanzes al frente, su política de grandes realizaciones: centrales eléctricas, Siderúrgica de Avilés, pizarras bituminosas, refinerías, astilleros, etc. Todo en medio de enormes dificultades. Así, cuando se analizan costos de Ensidesa se comprueba que crear un puesto de trabajo en este complejo cuesta tres millones de pesetas, pero hay que seguir adelante.

En comercio se sigue la política de los controles, de los cambios múltiples (preferentes, comerciales, de turismo...), de las licencias de importación. Los resultados son poco optimistas y la autarquía se va viendo que es algo imposible.

En agricultura se desarrolla el Plan Badajoz y se inicia el de Jaén. Cavestany realiza una gran labor, pero no puede frenar la crisis.

 

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El 25 de febrero de 1957, Franco nombra nuevo Gobierno: Subsecretario de la Presidencia: Luis Carrero Blanco. Asuntos Exteriores: Fernando María Castiella y Maíz. Gobernación: Camilo Alonso Vega. Ejército: Eduardo Barroso Sánchez Guerra. Marina: Felipe José Abárzuza y Oliva. Aire: José Rodríguez Díaz de Lecea. Justicia: Antonio Iturmendi Bañales. Hacienda: Mariano Navarro Rubio. Industria: Joaquín Planell Riera. Comercio: Alberto Ullastres Calvo. Agricultura: Cirilo Cánovas García. Trabajo: Fermín Sanz Orrio. Educación Nacional: Jesús Rubio García-Mina. Obras Públicas: Jorge Vigón Suero-Díaz. Secretaría General del Movimiento: José Solís Ruiz. Información y Turismo: Gabriel Arias-Salgado y de Cubas. Pasa a ser ministro sin cartera, Pedro Gual Villalbí, al mismo tiempo que es creada la cartera de Vivienda, a la que pasa José Luis de Arrese Magra. El nuevo Gobierno tiene un signo predominante: lo económico. Navarro Rubio y Ullastres serán las dos figuras de nueva política, que se traduce en lo siguiente: fin de la autarquía; cambio único de la peseta, que se fija en 42 por un dólar; nueva reglamentación fiscal; bloqueo de salarios; aumento del tipo de descuento bancario del 4,5 al 5 por ciento; ingreso de España en la O.C.D.E. (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos); en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco para la Reconstrucción y el Desarrollo; autorización a compañías extranjeras para actuar en la investigación petrolífera con capital propio y legislación sobre Convenios Colectivos que sustituirán, de hecho, a las reglamentaciones de trabajo.

España, que desde 1955 pertenece a la O.N.U., en la que ingresó junto a otros 15 países, comunica a los organismos internacionales interesados todas estas medidas económicas, como base a un plan de estabilización. En julio de 1959, la peseta es devaluada, para facilitar la llegada de divisas. Hay un respiro, porque simultáneamente, empiezan a abrirse los créditos extranjeros, con unos 17 millones de dólares a cargo del “Export-Import Bank” de Washington.

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El 1º de abril de 1959, Franco inaugura la obra monumental del Valle de los Caídos. Una cruz de 153 metros de altura preside el paisaje, sobre una montaña, en cuyas entrañas ha sido abierta una basílica fabulosa. Un monasterio y centros de estudios completan este complejo, destinado a dar reposo a los muertos de la guerra civil

Este mismo año de 1959 señala el comienzo de la estabilización impulsada por Navarro Rubio. En el terreno económico, vuelven a ser años duros, pero esta vez con esperanzas. Se corta la inflación y se conciertan acuerdos para la obtención de créditos (el Fondo Monetario, 220 millones; el Gobierno de Estados Unidos, 327 millones de dólares). El 9 de agosto de 1959, Alberto Ullastres, puede anunciar en Bilbao: “En un año, las reservas en bruto de oro y divisas han pasado de 14 millones a 483 millones. España está capacitada para la competencia del Mercado Común. Se ha conseguido la estabilización. Hay que crear incentivos para el capital extranjero”. Como síntoma de la nueva situación, en los 10 primeros meses de 1959, la frontera de Hendaya registra el paso de 900.000 vehículos. La era del turismo ha comenzado, en cuanto han sido creadas las bases favorables. Paralelamente, hay una corriente hacia el extranjero. Millares y millares de hombres del campo se marchan a trabajar a Alemania, Suiza, Francia y Bélgica, en busca de mejores jornales.

Ahora, mientras se desarrollaba la estabilización económica, la institucionalización del Estado, iba a ser abordada. Así, el 10 de abril de 1957, el Gobierno acuerda enviar a las Cortes el Proyecto de Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, Ley Básica, aunque no Fundamental. El 17 de mayo de 1958, Franco promulgaba en las Cortes la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (12 principios y 3 artículos), con lo que se abría la puerta para la futura Ley Orgánica del Estado.

El 21 de diciembre de 1959, Franco recibiría la visita oficial del presidente de Estados Unidos, Dwight David Eisenhower. Podía mostrarle un país en marcha.

Sánchez González y Bartomeu, con el apoyo aéreo de la Legión Cóndor.

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En 1961 Franco ha celebrado los 22 años del Régimen. Un desfile militar en Madrid ha señalado la efeméride, con presentación de material moderno (artillería capaz de lanzar proyectiles con cabeza atómica y reactores de fabricación norteamericana). El día de Nochebuena el pueblo español recibe la noticia de que Franco ha sufrido un accidente durante una cacería. Una escopeta ha reventado y le ha alcanzado a la mano izquierda. Es trasladado inmediatamente desde los montes de El Pardo al Hospital Militar de la calle de la Princesa de Madrid. Antes de ser intervenido, Franco permanece con el general Alonso Vega y habla con él: ”Tened cuidado –le dice- y fe en lo que ocurra”. Tres días más tarde, Franco abandona el hospital y recibe el homenaje espontáneo del público que se ha congregado en las inmediaciones. En la noche de fin de año, se dirige a los españoles como todos los años, esta vez para añadir su agradecimiento por las pruebas de cariño que acababa de recibir.

La cuestión de la sucesión de Franco vuelve a ponerse sobre el tapete. El 29 de marzo de 1960, Franco se ha entrevistado con el Conde de Barcelona en la finca extremeña “Las Cabezas”, propiedad de los hijos del fallecido Juan Claudio Güell, conde de Ruiseñada. La educación del Príncipe don Juan Carlos y su futuro parece que son los temas principales, porque lo cierto es que ha terminado sus estudios en la Academia General de Zaragoza, en la Escuela Naval de Marín y en la Academia del Aire de Alcantarilla. En Madrid ha asistido a las clases de la Facultad de Letras. Tiene 22 años y su futuro comienza a ser realidad. Un año más tarde, comienzan a barajarse nombres de princesas europeas como posibles futuras esposas del Príncipe. Al fin se anuncia el compromiso oficial del Príncipe don Juan Carlos con la Princesa doña Sofía de Grecia. La boda se celebra el 14 de mayo de 1960 en Atenas donde poco antes había sido nombrado embajador el marqués de Luca de Tena. Es uno de los grandes acontecimientos que durante semanas enteras centra la atención española. El 2 de junio, el nuevo matrimonio es recibido por el Papa Juan XXIII y el día 7, por el Jefe del Estado español, para continuar a continuación el viaje de novios alrededor del mundo.

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Los días 5 y 6 de junio de 1962, se celebra en Munich el IV Congreso del Movimiento Europeo. Con este motivo, acuden a la capital bávara 80 políticos españoles llamados de la oposición y 38 exiliados. Se producen reuniones de grupos que discrepan entre sí, si bien establecen unos condicionamientos para el ingreso de España en el Mercado Común (representatividad, garantías a la persona humana y a las comunidades, libertad sindical, derecho a la huelga y derecho a organizar Partidos políticos). En España se considera una acción contra la solicitud de ingreso en esta Comunidad económica, presentada por el ministro Castiella el 9 de febrero de 1962. En Estoril, el Conde de Barcelona hace constar que los monárquicos que hayan podido participar en estas reuniones de Munich no contaban con ninguna representación suya y que la entrada de España en el Mercado Común es una tarea nacional y que todos los españoles deben defenderla sin reservas. El ex ministro de la República, José María Gil-Robles, que ha estado en Munich y que forma parte del Consejo privado de don Juan, dimite como miembro de este Consejo. Según se anuncia el 17 de junio, hay una reacción oficial fortísima contra Munich, que culmina en una serie de manifestaciones y en un viaje de Franco a Valencia, donde cientos de miles de personas le aclaman con entusiasmo.


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© Generalísimo Francisco Franco. Noviembre 2.003 - 2.006. - España -

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